“Io sono argentino, il mio bisnonno era nato nel 1883 a Brienza” – La aventura de encontrar un pariente en otro país

“Giovanni Cicerchia, nata nel 1883 a Brienza” debe ser una de las frases que más repito en mi aventura por estos pagos. Y su historia también. Mi bisabuelo nació en Brienza y después de casarse, emigró para Buenos Aires, como tantos otras personas de este pueblo (sin ir mas lejos, en San Justo, Provincia de Buenos Aires, hay una comunidad “brienzana” de más de 3000 personas, casi como el número de personas que viven actualmente en el pueblo). Una vez en Buenos Aires, fue padre de mi abuelo, Juan Antonio, alrededor del 1911. En 1925 decidió nacionalizarse Argentino, resignando la ciudadanía Italiana. Los caminos del destino hicieron que este suceso fuera posterior al nacimiento de mi abuelo, por lo que, gracias a ese pequeño e importante detalle, tengo derecho a la doble ciudadanía, ya que ni mi abuelo ni mi papá resignaron a este derecho.

Via San Giacomo 20, lugar donde nació mi bisabuelo
Via San Giacomo 20, lugar donde nació mi bisabuelo

 Mi papá nació en 1955. Años mas tarde, debido a un cancer de pulmón, falleció el Abuelo Juan, como suelo decirle aunque nunca tuve la suerte de conocerlo. Siempre recuerdo una frase que mi papá me contó una vez que mi abuelo dijo: “La vida es como una milonga. Hay que aprender a bailarla. Pero cuando aprendes, se te acaba el disco.” Siempre resuena en mis oídos, como si hubiera sido él el que me la dijo, en alguna tarde de domingo después de un asado. En fin, en 1988 nací yo, y 20 y tantos años después, con la excusa de tramitar la doble ciudadanía, me emprendí en viaje en el que nadie de mi familia se había aventurado: Conocer el pueblo de mi bisabuelo.

Apenas llegué, Rocchina, la dueña del lugar donde me hospedo estos días, me preguntó mi apellido: “Cognome?” “Cicerchia” y en unas palabras que juro entendí pero que no sabría como escribirlas, me dijo que Cicerchia es un apellido muy común por estos pagos y que tiene una relación muy cercana con Buenos Aires. “Bienvenido a casa” pensé.

Mi abuelo y mi abuela, hace varios años
Mi abuelo y mi abuela, hace varios años

Durante el primer mes me dediqué a asentarme, iniciar los trámites de la ciudadanía italiana, encontrar o fabricar algún trabajo que me permitiera sustentarme, conocer el pueblo y esas cosas. Fue en una de mis visitas a la Comuna, lugar donde hago mis trámites burocráticos de la ciudadanía que pregunté si podrían decirme en que calle nació mi bisabuelo y si habría chance de saber si tenía algún pariente en Brienza. Toda la gente que escuchaba mi apellido me decía que algún pariente tenia que tener. La señora encargada de la búsqueda se ofreció muy amablemente a ayudarme, casi como agradeciéndome por haberle traido algo nuevo a su rutina.

Luego de inspeccionar libros y libros, llegamos al acta de nacimiento original de mi bisabuelo. Llegamos a dos conclusiones: La primera, nació en Via San Giacomo 20. La segunda, tanto él como sus hermanos se fueron muy jóvenes a Buenos Aires, por lo que la posibilidad de hallar parientes se tornaba mas difícil. Había que analizar mil variantes y cuando empecé a hacer cuentas, llegué a la conclusión que eso nos podía llevar varios días. Es por eso que le agradecí enormemente y quedamos en, un día que ambos estuviéramos con tiempo libre, sentarnos a continuar la búsqueda.

Salí de la Comuna y, apelando a Google Maps, intenté buscar la casa. La señora me había dado indicaciones sobre como llegar pero preferí confiar en la tecnología (dejando ver por que soy Ingeniero en Informática). Pero Google Maps falló y me llevó a un lugar que estaba seguro no era la casa donde nació mi bisabuelo. Un poco frustrado, volví a mi cuarto a comer algo y hacer unas cosas en la notebook.

Pasaron varios días hasta que decidí emprender la búsqueda de la casa nuevamente. Un día nublado, con llovizna constante, después de darle clase de inglés a la hija de la dueña, me puse una campera y caminé las indicaciones que me había escrito días atrás la señora de la Comuna. No me costó mucho encontrar la casa. Puerta abierta, una especie de cortina tapando el sol que ya había sido tapado por las nubes. La intuición me decía que estaba en el lugar correcto. Clara demostración que la tecnología, aún hoy en día, no es invencible. Golpeé la puerta y me atendió una señora mayor que, al no entender mi precario italiano, me derivó a la casa de enfrente, sin darme demasiadas explicaciones. Golpear una puerta más no me iba a traer stress, así que lo hice preparando mentalmente el speech que había memorizado: “Io sono Argentino, il mio bisnonno era nato nel 1883 a Brienza… “. Esta vez me llevé la sorpresa de obtener una respuesta en español. Las señoras dentro de la casa tenían historia con Argentina. Una vivió 40 años allí y la otra nació en Buenos Aires. Les conté mi historia, relato al que se sumó un matrimonio, relacionado con la señora Argentina. El marido de este matrimonio, vaya a saber porque, tuvo un idea: “vamos con Miguel, se apellida Cicerchia, seguro algo tiene que ver con vos”. Llamó, pero no estaba. Minutos después le devolvieron el llamado avisando que había llegado. Me subí a su auto, junto a su esposa y sus 3 hijos (uno con la remera de Messi) y fuimos hasta la casa de Miguel.

Mi bisabuelo y bisabuela, foto de vaya a saber uno cuando.
Mi bisabuelo y bisabuela, foto de vaya a saber uno cuando.

Creo no me daba cuenta, pero estaba a punto de lograr algo que para mi familia tendría mucho sentido e importancia. Decidí tomarlo con naturalidad y que fuera lo que tenia que ser. Antes de que golpeemos la puerta, un señor se encargó de abrirla y me dio la mano, diciéndome que era Miguel. Después fue el turno de su esposa, de su hijo y de su nieto. Miguel había vivido dos años en San Justo, por lo que entendía mi español, aunque no lo hablara. Yo entendía su italiano, aunque “parlo poco”. Pero la charla se podía llevar. Una vez más, conté mi historia. En un principio, Miguel me dijo, sin perder la educación y camaradería, que no tenía nada que ver con mi bisabuelo. La charla siguió, eramos más de 10 en la sala, entre adultos y chicos. Salían sillas de no se donde, aparecía el vino casero, la comida casera, como si fuera uno más aunque ni me conocieran. De repente Miguel interrumpió y me dijo algo en italiano que luego me tradujeron: “No, no, esperen. Mi abuelo era hermano de su bisabuelo”. Me tomó un ratito entender el parentesco pero me di cuenta que la persona que me hablaba era primo segundo de mi papá y mi tía. Títulos al margen, me trataba como un nieto.

Estuvimos un rato más y decidimos emprender la vuelta, el matrimonio argentino me quería llevar a conocer su casa y ofrecerme cenar con ellos. Oferta a la que no quise ni pude resistirme. Por estos pagos la amabilidad y hospitalidad son aliados que sacan muchas sonrisas y te hacen sentir en casa. Antes de irme, la esposa de Miguel me agarró la mano y me contó sobre sus hijas y nietos. Nunca voy a poder olvidarme su cara de ternura mientras lo contaba. Miguel, por otro lado, me ofreció ir a visitarlo cuando yo quisiera. Quedamos para el Domingo al mediodía.

El Domingo recibí la llamada del hijo de Miguel avisándome que el papá estaba en un pueblo lejano, si podía ir el Lunes. Acepté y el Lunes a la 1 de la tarde, Miguel y su esposa me estaban esperando en la puerta de su casa. La mesa servida y la comida casi lista. Como me recibe mi abuela cuando la visito, allá por Buenos Aires. Charla va, charla viene. Risas van, risas vienen. Picada, pasta, carne, tomate, fruta, café. Todo acompañado de pan y vino casero, obvio. Por ser un lunes, nada mal. Unos ravioles tamaño XL que duraron segundos en mi plato. El estofado no tenía nada que envidiarle a los que supe comer miles de domingos allá en Lugano. Hablando de Lugano, es irónico que mucha gente en Buenos Aires ni conozca el barrio o te pregunte “Capital o Provincia?”. Cuando le nombré a Miguel el barrio lo ubicó al instante y me dijo que el estuvo por esos pagos. No fue la primer persona que me dio esa respuesta.

Miguel y su señora, año 2014, Brienza.
Miguel y su señora, año 2014, Brienza.

Miguel se tenía que ir a su sesión de masajes. Los 70 años lo tenían a maltraer con su cervical. Los años no pasan solos, me dijo. Siempre con una sonrisa en su cara, como todo el almuerzo. “Queres vino? Servite vos, esta es tu casa eh” “Queres mas carne? Daleeee come!” “No empeces con el tomate que hay mas carne! El tomate lo comes después con la carne, todo junto” “Querés mas queso?” “Cafe con grapa?” y millones de cosas más. Cuando se fue, me quede hablando con su mujer unos 15 minutos más. La charla se puso más triste y empezamos a hablar de los parientes de cada uno que fuimos perdiendo. Yo le conté la historia de mi abuelo. Y ella muchas más. Necesitaba sacar muchas cosas afuera. La escuché atentamente, aunque me costara entender. Era lo que estaba buscando. Un par de trabajos a distancia con Buenos Aires me esperaban así que emprendí la vuelta, no sin antes prometer una vuelta a la brevedad para almorzar o cenar. Ellos, chochos de escuchar esa respuesta. Yo, feliz de ver esas sonrisas.

Aunque la sangre es la misma y el parecido entre bisabuelo, abuelo y Miguel es llamativo, el vínculo es lejano, es cierto. Miguel es primo segundo de mi papá, por ende algo mío que no se ni el título. Pero el sabe que los títulos no existen, sino el gesto de abrir las puertas. Yo también. Para ellos, alguien los visita y escucha sus historias. Para mí, alguien me abre las puertas sin prejuzgar ni preguntar por mi pasado, del que todo viajero en cierta manera se escapa. El mundo, en algunos lados, sigue conservando la pureza de siempre. Y eso me hace muy feliz.

Hola! Mi nombre es Luciano y soy el creador de Una Vuelta por el Universo y Just DOxIT. Me considero un Ingeniero nómade. Me fui de casa hace ya mas de 4 años y todavía me queda mucha mas ruta por recorrer. Venis conmigo?

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