Alguna vez levantaste la cabeza y te quedaste viendo las estrellas?

Era Domingo en Brienza. Los domingos acá son de mucha paz. La gente los aprovecha para descansar, para viajar a sus campos y cosechar lo que sea que planten. Lavan la ropa y sus balcones son un desfile de sábanas colgadas secándose. El frío se esta convirtiendo en actor principal por estos lugares así que salir a caminar por el pueblo no es una tarea tan fácil. O al menos requiere de dos o tres camperas. 6 grados y recién estamos en la primera mitad del Otoño.

El clima en Brienza hoy en día

Mi domingo consistió en mucho trabajo, preparando presentaciones, armando páginas web y demás cosas que Just DOxIT requiere. Cada tanto algún capítulo de alguna serie me hacia descansar la mente. La hora había cambiado, el reloj adelantó una hora en Europa, por lo que a las 17 37 hs ya era absolutamente de noche en Brienza. El final del domingo vislumbraba el ritual de siempre. Jugaba Boca. La diferencia horaria se había acortado una hora, por lo que no tenía que aguantar hasta tan tarde para ver el partido. Era cuestión de esperar algunas horas más.

En medio de esa espera, sonó el Whatsapp con un mensaje de un amigo argentino en Brienza, invitándome a un cumpleaños de una conocida. El frío, el trabajo y el partido me hicieron dudar pero opté por aceptar la invitación. Me abrigué, esperé que me pasaran a buscar y salimos.

Dos horas después de haber llegado al cumpleaños decidimos emprender la vuelta. Eran las 23 30 hs, hacía mucho frío y no teníamos auto para volver, asi que hubo que caminar. 15, 20 cuadras me separaban de casa. Pero fue en los primeros 20 metros de la caminata que encontré algo que me maravilló. Miré para arriba y vi las estrellas. Al principio eran un par, después unas cientas y finalmente el cielo estaba repleto de luces. Un espectáculo único. “Esto no se ve en Buenos Aires” fue lo único que atiné a decir. Caminé los próximos 300 metros con los ojos en el cielo. Tengo dos tatuajes y ambos hacen alusión a la luz. “Buena Estrella” dice uno, en clara alusión (entre otras cosas) a esas luces que brillaban en el cielo. “Brilla Noctiluca” dice una parte del otro. La Noctiluca es un bichito que brilla en el mar, de manera incandescente, un punto en el mar oscuro. Como una estrella en un cielo de noche. Creo había algo de eso en encontrar la razón por la cual estaba tan asombrado con el espectáculo que estaba viendo. Los chicos me decían que, al estar alejados del centro del pueblo, no habían luces por lo que las estrellas se notaban más. Yo estaba convencido que el centro del pueblo no era un Times Square italiano lleno de luces, así que las estrellas también se tenían que ver de ahí. Pero ¿por qué en estos dos meses nunca me percaté de ellas entonces? ¿Se verán desde la puerta de mi cuarto? Boca ganaba 2-0 y quedaba muy poco para que termine el partido, así que el camino de vuelta solo tuvo en mi mente ese pensamiento (muy frío por cierto). Las estrellas.

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30 minutos después de empezar la vuelta, llegamos a destino, saludé y entre a mi cuarto, no sin antes mirar al cielo. Es verdad, había menos estrellas que las que había visto un rato antes, pero sin embargo estaban ahí, vigilando el río y la habitación. Me sentí un poco culpable por no haber notado su presencia antes. Al menos no de una manera decidida. Empecé a buscar razones por las cuales no había notado las estrellas. La vorágine de constantemente estar buscando trabajos que me permitan mantenerme en Italia capaz. O los nervios por conseguir la ansiada ciudadanía, la cual cada día se demora un poco más. El cambio de pasar de vivir en un gigante estructural como Buenos Aires a un gigante espiritual como Brienza también podía ser otra causa. No se, una mezcla de todas y ninguna asumo. La culpa no se me iba. Y a su vez no entendía porque no se iba. O sí. En 2 meses había logrado, creo yo, adaptarme bastante bien al cambio de vida. Sin Mc Donalds, sin Starbucks, sin ruidos, sin semáforos, sin gente enojada, sin inseguridad. Me acostumbré a despertarme, abrir la ventana y escuchar la voz del río. A abrir la ventana para que entre aire puro en la habitación, sin importar la cantidad de grados que hiciera. Me había obligado a, cada tanto, sentarme a mirar las montañas y el río, y dejar volar mi cabeza. Con música, con un libro, con el mate. Hay un punto específico en el horizonte que no me canso de mirar, donde la silueta de unas montañas se dibujan a lo lejos. Una vez que clavo los ojos ahí, es imposible no dejar la mente volar. Pero nunca me había quedado mirando las estrellas. Cuenta pendiente.

El Lunes (o sea, ayer) había empezado mal, o al menos eso creía yo. El celular quiso un poco de atención y dejó de funcionar. Sabía no era un problema menor y vislumbraba varios días incomunicado. El mal humor estaba a la orden del día hasta que, contándole a mi mejor amiga de los sucesos de la mañana, me dijo una frase que quedo retumbando en mis oídos: “Qué perdes sin el celular? Si tenes todo en la computadora. El Whatsapp nomás, no es tan grave. En 20 días viajas a Nueva York, así que de última ahi te fijas”. Y el eco de la frase cada vez se hacía mas grande. Hasta que decidí dejar de intentar revivirlo. Lo aparté. No era tan grave. Bah, no era para nada grave. Lo relacioné inmediatamente con la noche anterior y la experiencia de las estrellas. Mejor que me alumbren las luces del cielo y no la luz de una pantalla. Ser Ingeniero en Informática y trabajar por y para la tecnología hace que viva pendiente de la misma. Pero eso no implica la dependencia. Se que hay cosas más importantes, cosas que no se consiguen en otro lado, que te dan paz y calma. ¿Alguna vez levantaste la cabeza y te quedaste viendo las estrellas?.

Hola! Mi nombre es Luciano y soy el creador de Una Vuelta por el Universo y Just DOxIT. Me considero un Ingeniero nómade. Me fui de casa hace ya mas de 4 años y todavía me queda mucha mas ruta por recorrer. Venis conmigo?

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Acerca de mi

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