Cartas a vaya saber uno quien, Episodio II – Volatilidad

Para vos,

Hola! ¿Como estás? Hacia mucho no te escribía. 24 de Septiembre del 2014, esa fue la última vez. Hoy, cuando escribo esto, estamos a casi 3 meses de esa carta y sentí la necesidad de hacerlo nuevamente. Sinceramente, no se porque. O si, que se yo. En un rato libre, de esos que en estos días no sobraron, decidí darle una cara nueva al blog. Lo veía muy serio, muy estático, no me gustaba. Y mientras hacía esto, me fui encontrando con las cosas que fui escribiendo este tiempo. Es un ejercicio interesante leerte a vos mismo un tiempo después. Ver que pensabas hace unos días, meses o años. Ver que palabras elegiste para retratar un momento determinado. Ponerte a pensar si hoy seguis en el mismo lugar. ¿Avancé? ¿Retrocedí? ¿Cómo se mide si avanzas o retrocedes en la vida? Bah, ¿se mide?. Ën fin… a casi 3 meses de la última carta, me pareció prudente ponerte al tanto de algunas cosas.

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¿Por dónde empiezo? Me desacostumbré a esto de no contarte lo que pasa en mi vida de manera diaria. Bueno, podría decir que estos días viaje bastante, Para variar, ¿no?. Algunas personas me llaman ciudadano del mundo. Otras, culo inquieto. Que se yo, cada día me cuesta más aguantar en el mismo lugar más de 3 meses. Tengo una imperiosa necesidad de estar en movimiento. No se porque, y no me interesa. No se a donde ir, y tampoco me preocupa. Solo se que quiero ir. A ese lugar donde me marque el mapa. Quiero encontrar esa excusa que me haga armar un bolso e irme. Quiero conocer nuevos lugares y volver a esos que ya visité, para recordar viejas épocas. Cada día me cansan más los viajes. Pero cada día los disfruto más. Mientras más viajo, menos equipaje quiero llevar. Una relación inversamente proporcional. Las memorias que sumo en mi cabeza generan un peso justo que no quiero desequilibrar con excesos de equipaje innecesarios. Quiero concentrar mis fuerzas en disfrutar el paisaje y el viaje. En escuchar la música que suena en mis oídos o las palabras que dicen alrededor mío. En viajar mentalmente al pasado o al futuro, abstrayéndome del presente y su realidad. Quiero guardar en mi cabeza cada minuto que pasa. Y todo lo que no coopere a eso, lo desecho.

Anduve por España, junto a amigos. Málaga, Granada, Córdoba, Sevilla, Cádiz, Marbella. Volé infinitas horas y me encontré con mis viejos y con otros amigos en Nueva York. Pasé del calor al frío en cuestión de días. Del sol andaluz a la nieve neoyorquina. De vivir en un pueblo sin semáforos a pasar 10 días en la ciudad con más taxis del mundo. De no subirme a un auto en semanas a recorrer España en cuatro ruedas, con el mate siempre de compañero. Me subí a a autos de parientes lejanos y conocí pueblitos escondidos de Italia. Pero siempre en movimiento. Era lo que me pedía la mente y el cuerpo. Siempre apreciando cada instante. Me tocó volver a Brienza y, no te voy a mentir, re-acostumbrarme no fue fácil. Fueron tres o cuatro días duros. Acá todo seguía igual y todos me esperaban con los brazos abiertos. Pero creo que la cabeza llegó varios días después que el cuerpo. Tardaron un par de días en acoplarse. Y cuando finalmente lo logré, saque un pasaje a Buenos Aires. 20 días al calor porteño, a los cortes de luz y a los piquetes. Pero también un pasaje a pasar las fiestas con mis seres queridos. Un pasaje a ver a mis amigos, a Milo, a todos. Un pasaje a la ciudad de la furia. Un pasaje de ida y vuelta. Porque, como te contaba antes, eso de quedarme en un solo lugar no me esta gustando. Una suerte de volatilidad viajera.

Mientras, tengo como “base de operaciones” este hermoso pueblo medieval en medio de las montañas, montañas que amenazan con amanecer nevadas. No importa el frío que haga, cada día disfruto más salir de mi habitación y quedarme viéndolas. ¿No te pasa que hay lugares, cosas o hasta personas, que podes verlas infinitamente y nunca te cansas? Siempre les encontras algo nuevo, algo reconfortante, algo mágico. Un detalle nuevo. Se genera una atracción que genera que puedas pasar horas mirando ese lo que sea sin cansarte. Estas montañas generan ese efecto en mi. Me abstraigo de la realidad. La gente me trata bien, me trata como uno más. No preguntan por mi pasado y se interesan por mi futuro. Cada día hablo más el italiano. Entiendo todo lo que me dicen y me hago entender. Incluso me cuesta escribir en español, encontrar las palabras adecuadas que mi mente quiere plasmar en la pantalla. Disfruto el día a día. En mi cabeza aparecen problemas actuales y no problemas pasados. Problemas que se generan por vivir un día a día en alguna parte del mundo. Y eso me pone muy contento. Es desgastador, eso sí. Pero, hermosamente desgastador. A veces pienso que algún día me voy a quedar dormido y voy a despertarme 20 horas después del cansancio que tengo. Muchos no lo entienden pero vivir de esta manera cansa mucho más que una rutina cualquiera. Pero, que lindo cansancio.

¿Qué planes me depara el futuro? La verdad, no lo sé, Un día, un amigo viajero, en un intercambio de mensajes via Facebook, me contaba la inutilidad de pensar más allá del mañana. No importa cuantos planes hagas, nunca se terminan cumpliendo. Y mucha razón tenía. En mi cabeza ronda la idea de conocer el mundo entero. Quiero poder trabajar únicamente con mi notebook y WiFi. Sin un lugar fijo. Si lo logro, agarro el bolso y me voy. Alaska-Patagonia. Ese trayecto hace mucho ruido en mi cabeza. Me tienta demasiado. Asia también. Las pirámides, ¿por qué no?. No sé, hoy tengo frente a mi Navidad y Año nuevo en Buenos Aires. Después vuelvo a Italia y ahi veremos donde cae el dedo en el mapa. Prefiero aprovechar el presente. Es tremendo como pasa el tiempo. Ya casi 5 meses que emprendí esta aventura. Y se que faltan muchos más. Pero también se que van a pasar muy rápido. Muchas cosas pasaron este tiempo.

Mientras, sigo sin saber a ciencia cierta quien sos. No se que cara ponerte. Solo se que cada tanto pienso en contarte algunas cosas. Cada tanto siento la necesidad de escribirte algo. Algún día lo leerás. O no. Esperemos que sí. En algunos días leeré esta carta, me acordaré de este momento y me sentaré frente al teclado, con una taza caliente y música de fondo, para escribirte unas nuevas líneas.

Mientras, que estes sonriendo, donde sea que estés.

Lucho

Hola! Mi nombre es Luciano y soy el creador de Una Vuelta por el Universo y Just DOxIT. Me considero un Ingeniero nómade. Me fui de casa hace ya mas de 4 años y todavía me queda mucha mas ruta por recorrer. Venis conmigo?

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Acerca de mi

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