Las despedidas, esos dolores dulces

En Física hay un concepto muy importante llamado Fuerza. Y dentro de este concepto, se desprende la Fuerza de Inercia. De una manera sencilla, y hasta pasando por alto varios conceptos de fondo, cuando uno se enfrenta a un cuerpo sin movimiento y decide ejercer una fuerza sobre éste, en un comienzo la fuerza que realiza es mucho mayor. Se requiere un esfuerzo y una explosión mucho mayor para poner en movimiento este cuerpo, hacerlo andar.

despedida

 

Mientras más velocidad agarra el cuerpo y más constancia tiene el movimiento, la fuerza que uno ejerce se torna menor, porque el cuerpo se pasa a mover gracias a la fuerza de inercia. En burdas palabras, el cuerpo se mueve “solo”. Esta en piloto automático y uno solo tiene que acompañar. Ahora, cuando uno decide ejercer la fuerza contraria sobre el cuerpo para detener dicho movimiento, el esfuerzo se torna otra vez mayor. Y cuando se decide ponerlo en marcha nuevamente, el ciclo se repite.

Ahora si, la comparación va tomando más sentido. Al momento de emprender un viaje solo, cuesta muchísimo tomar la decisión y más todavía, poner en marcha el plan. Cuesta sacar el pasaje, por el medio que sea, al destino que fuere. Cuesta comunicar la decisión, por más grande que sea el sueño. Cuesta ver el tiempo pasar, sabiendo que la fecha se aproxima, por más que la motivación y las ganas sean tremendas. Cuesta armar el bolso, por más que lo hayas pensado un millón de veces. Y cuesta horrores despedirse. Horrores. Toda emoción que sientas por lo que estés a punto de hacer se ve opacada por la sensación que sentis en la panza cuando te despertas ese día. Y ni hablar cuando ves la cara de tus seres más cercanos, intentando evadir las lágrimas.

Las despedidas son el momento justo donde uno se pone a ejercer esa fuerza sobre el cuerpo inerte, el momento donde pone a andar dicho cuerpo. Y la realidad es que va a faltar un poco de tiempo hasta que este cuerpo empiece a moverse por inercia. Podrás tomar diferentes tácticas. Podrás abrirte al máximo, organizar despedidas formales, fiestas, cenas o lo que fuere. Podrás sentarte con tus amigos más cercanos noches enteras hablando de la vida, estirando el momento del último abrazo lo máximo posible. Podrás llorar muchisimo. Podrás querer evitar todo momento incómodo. Podrás dar abrazos cortos y saludos escuetos. Podrás escapar de la situación (o intentar en realidad). Pero el momento de la despedida va a llegar, y cuesta. Y lo peor es que mientras más despedidas tengas, más cuesta. Al contrario de varias ciencias y artes, en donde la experiencia hace que sepas desenvolverte de una mejor manera en el asunto, en las despedidas es mejor ser primerizo. Porque mientras más despedidas sufris, más cuesta afrontarlas.

Con el correr de los días, y siempre y cuando continues ejerciendo fuerza sobre el cuerpo en el mismo sentido, el sentimiento de congoja y tristeza adentro tuyo se va a ir yendo. Mientras más logres avanzar, más fuerzas se te van a unir, haciendo que la transición hasta llegar a la inercia sea más fácil. Vas a conocer paisajes que nunca vistes. Vas a conocer personas que se van a interesar en tu vida, sin que siquiera se lo pidas, y te van a aconsejar y apoyar, por más que recien te conozcan (Acá hago un () para contar una anécdota. Este texto lo empecé a escribir en un avión yendo de Buenos Aires a Roma. Después de despedirme de mi familia y al momento de pasar mi equipaje de mano por el scanner del aeropuerto, se me cayó el pasaje al piso. Una persona amablemente me lo alcanzó y, al ver mis ojos medios rojos, se me puso a hablar. Me preguntó a donde iba, de que vivía, mis planes. Me felicitó, me contó que tenia amigos que hacían lo mismo, y con una sonrisa me dio ánimo para seguir. Así de fácil. Así de simple).

En fin, decía. Vas a nutrirte de recuerdos alegres y vas a sonreir en noches de soledad y música melancólica. Vas a llorar, y mucho, para sacar afuera lo que tenes adentro que no te deja estar tranquilo. Vas a ir y venir constantemente, entre sentimientos totalmente opuestos, hasta que un día vas a encontrar un cierto equilibrio, sin siquiera saber como llegaste hasta ahí. Y ahi la fuerza de inercia va a hacer lo suyo.

Hasta que un día vas a decidir ver en persona a esa gente que durante cierto tiempo, solo viste por medios tecnológicos. Y ahi, sin siquiera saber porque, vas a ponerle un freno al trabajo que tanto te costó conseguir. Y después, cuando menos te lo esperes, vas a estar de vuelta envuelto en una despedida. Y ahi sí, volver a empezar. Porque esto será siempre así, quedándote o yéndote.

Al momento de finalizar este post, me encontraba en un Hostel en Roma. Mientras escribía en mi notebook, en el salon común del Hostel, varios huéspedes se juntaron y comenzaron a hablar entre ellos. Provenían de todas partes del mundo. Cuando terminé de escribir, me llegó el turno de contar mi historia. Y me sorprendí a mi mismo cerrando mi relato con esta frase: “Saying goodbye is a consequence of my way of living“.

¿Se pueden evitar las despedidas? No. ¿Se tienen que evitar las despedidas? A mi entender, tampoco. ¿Hacen bien? Que se yo. ¿Son necesarias? Si. ¿Se superan? Si, cuesta pero si. ¿Dejan cicatrices? Un montón.

¿Qué es una despedida? Una promesa de reencuentro. Pensalo así, y seguí viajando tranquilo.

 

 

 

Hola! Mi nombre es Luciano y soy el creador de Una Vuelta por el Universo y Just DOxIT. Me considero un Ingeniero nómade. Me fui de casa hace ya mas de 4 años y todavía me queda mucha mas ruta por recorrer. Venis conmigo?

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