La La La – Un Domingo de indecisiones

Mientras empiezo a escribir estas líneas, el calendario marca día Domingo y la ventana me muestra, nuevamente, muchísimas nubes. Hace ya una semana que volví de pasar las fiestas en Buenos Aires y las horas que pude ver el sol las cuento con los dedos de una sola mano.

Una amiga que vive en Londres, y que quiero mucho, un día me contó que, si bien Londres se caracteriza por tener días nublados y lluviosos, entre Noviembre y Marzo esta tendencia se intensifica. Se intensifica tanto que tiene un efecto sobre la salud de las personas. La falta de vitamina hace a las personas estar más apagadas, más caídas. Acá recién llevo una semana con días nublados y no creo estar en condiciones de juzgar si esta teoría es válida o no. Pero si se que las ganas de salir del cuarto son pocas porque el frío es mucho. El pronóstico cuenta que en unos días se viene la nieve. Ya lo veía venir, sinceramente. Las cimas de las montañas estan nevadas, las nubes muy bajas y el frío seco te corta la cara. Será cuestión de usar toda la ropa de invierno que fui comprando, previendo este momento.

Es raro porque no se muy bien sobre que escribir, pero si siento que tengo la necesidad de sacar algo para afuera. Así me siento estos días sinceramente. Con ganas de quedarme tapado viendo series o leyendo algún libro, pero con ganas de abrigarme y salir a caminar o respirar el aire de montaña. Te juro es una sensación única respirar libertad. Tengo ganas de estar tranquilo en mi cuarto y a su vez de sociabilizar un poco. Siento que estoy perdiendo tiempo, que cada día que pasa y me quedo en mi habitación es un día perdido, pero a su vez el pueblo potencia su habitual quietud cuando el clima esta como ahora. La gente no sale, y las calles están más tranquilas que de costumbre. A su vez me viene bien descansar, los días en Buenos Aires fueron muy agitados. No se, siento que necesito descargar energías, contarle a alguien esto y que ese alguien me diga la respuesta. Aunque también se que esa no es la forma. La respuesta la tengo que encontrar yo. Bah, supongo. No se la verdad.

Esta encrucijada la veia venir, sinceramente. Los días posteriores a estar en una ciudad grande como Buenos Aires, con gente que queres, traen estos enigmas. Te preguntas muchas veces que haces tan lejos de tu casa. Te maldecís por no tener una mente “normal” y querer trabajar de 9 a 18 en una oficina, salir, ir a tomar algo con una chica, con tus amigos, con el que fuere. No todo es color de rosas cuando decidís viajar. Son momentos. El secreto esta en mantener esos momentos lo menos volátiles posibles. Bueno, en realidad no es tan así. Hay que mantener los momentos positivos y cambiar rápido los no tan buenos. Y cuando no podes lograr una estabilidad, la mente se cansa un poco. Es como un motor que esta pasado de revoluciones. Porque como en una pestaña de Chrome tengo abierto Facebook para ver que anda pasando en la vida de mis amigos argentinos, en otra pestaña tengo abierto un mapa del mundo, decidiendo que países visitar este 2015.

Tengo ganas de moverme, eso seguro. Necesito seguir viaje. Es muy útil sentar base cada tanto en un lugar, tener tu placard, tu cama, tu heladera. Hacer un lugar tuyo por un tiempo. Pero la realidad es que, aunque esta vida de montaña, río, comidas con familiares lejanos y cervezas en bares a 1100 metros de altura me gusta mucho, no es el momento para llevarla a cabo. O al menos no en un plan de viaje tan extenso. Bueno, no se en realidad. ¿Ves? Así es todos los días. Que si, que no, que no, que si. Veo las cimas de las montañas con nieve, escucho el río fluir y me siento afortunado de estar donde estoy. Pero a su vez ya planeo cual va a ser el próximo destino. Quiero estar acá pero tampoco quiero.

Creo también es un poco el pacto que hace un viajero, ¿no?. Dejar pedacitos de uno en cada lugar que está. Y eso hace que por un lado te quieras quedar, pero por otro no. Ya no tenes una casa, sino muchas. Y eso es bueno, y malo. Y vivir en este estado de indecisión constante a veces es cansador.

No se, creo que tengo que salir a caminar un poco, o a correr. Miro la hora, falta un rato para que oscurezca, creo que voy a hacerlo. A su vez tengo trabajo que hacer, y muchas ideas laborales que plasmar. ¿Ves? Otra encrucijada. Mi trabajo me implica sentarme frente a una notebook horas y horas. ¿Cómo voy a correr si tengo que sentarme en una notebook? Uy, quiero gritar me parece.

Siento me llegó la hora de abandonar esta casa. Se que cada día que quiera volver me voy a sentir recibido y querido, pero es hora de seguir. Quiero ver la nieve caer y los techos de las casas adornados de blanco. Y después si, agarrar el bolso y seguir. ¿Dónde? No se. Pero es hora de moverse un poco más. Por suerte tengo la certeza de saber que los pueblos no se mueven de lugar. Bueno, espero. Ojo, también me encantaría quedarme un tiempo más acá. Salir a tomar un café a la tarde, hablar con la gente del pueblo, misionar un poco. Me gustaría hacer ambas en realidad, viajar y no viajar. Esa es la cuestión, todo no se puede.

Tranquilo, las indecisiones y lagunas son parte de la vida de toda persona, y también de un viajero. Es cuestión de convencerse. Una vez más. Es ahora. Hay que seguir, hay un mundo por delante. Si, dale. Hay que seguir. Listo.

Hola! Mi nombre es Luciano y soy el creador de Una Vuelta por el Universo y Just DOxIT. Me considero un Ingeniero nómade. Me fui de casa hace ya mas de 4 años y todavía me queda mucha mas ruta por recorrer. Venis conmigo?

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