Infinito punto rojo

Hay un punto del pueblo donde puedo ver al infinito. Cada vez que lo veo encuentro algo nuevo, algo particular, algo tan interesante que me quedo horas y horas mirándolo. Cada vez que sale el sol corro a ver este lugar. Con días nublados también es lindo pero el frío se aguanta menos. En cambio, con el sol… Con el sol todo es diferente. Lo fui comprobando de a poco, el sol tiene una energía diferente, revitalizadora, única.

Infinito punto rojo

Mirar este punto me hace ver la cultura de un pueblo, de una sociedad, de un país, o de varios países. Veo el humo salir por las chimeneas, dando señales que los hogares a leña están prendidos y, seguramente, rodeados por dos o más personas calentando sus manos o pies.

Veo el río dar un giro y pasar por abajo de un puente. Un puente por el que pasan autos. ¿A dónde irán? ¿Qué pensará la gente de esos autos?¿Cómo será sus vidas? ¿Los habré cruzado caminando por las calles empedradas? ¿Sabrán quién soy? ¿Cómo serán sus vidas cuando me vaya de acá? ¿Mi presencia las habrá afectado? Coincidimos en tiempo y espacio por varios meses. Yo lo sé. Pero, ¿ellos lo sabrán?

Mirar este punto me hace agudizar mis sentidos y escuchar cuan fuerte habla el río. Nunca alcanza un nivel de agua muy elevado, ni en los días de deshielo. Pero que fuerte grita. ¿Qué dirá? ¿Hablará en un idioma que nadie puede entender? ¿Contará las historias de este pueblo? ¿Será aquel que guarda todos los recuerdos, incluso aquellos que nosotros queremos borrar? ¿O será una voz que hace activar nuestras mentes y viajar al pasado y al futuro? Si así es, debo admitir que cumple muy bien su función.

Mirar este punto me hace ver los ¿edificios? del pueblo. Edificaciones de, como máximo, 3 pisos, con sus techos a dos aguas y color marrón ladrillo. Sus ventanas igualmente distribuidas, con sus balcones. Todos respetan el mismo modelo. Todos con sus frentes pintados de un color amarillo (¿u ocre?) tan “italaniamente” típico. Todos sumergidos en las montañas. Como si fuera un sector en el que, en lugar que nacieran montes, nacieron casas. ¿Qué pasará dentro de esas casas? ¿Cuál será la historia de esas familias? ¿Serán felices? ¿Hace cuanto vivirán acá? ¿No estarán aburridos de lo que a mi me parece particular? ¿Qué sentirían al saber que lo que para mi es novedoso, para ellos es algo que vieron por decenas de años? ¿El pueblo será igual ahora que hace 50 años? ¿Mejor? ¿Peor? ¿Hace falta calificar como se vivía antes y cómo se vive ahora? Esa maldita costumbre humana.

Mirar este punto me hace ver otras montañas a lo lejos, montañas ahora nevadas. ¿Hará mas frío allá? ¿Habrá sol como hoy acá? ¿Vivirá alguien? Tengo los lentes puestos pero ni cerca estoy de divisar si sale humo de alguna chimenea allá arriba. ¿Cómo vivirá la gente en esos pagos? ¿Estará cansada de tanta nieve? Hace varias semanas que veo esas montañas nevadas. Para mi, ver nieve es algo particular. Pero para ellos, ¿será algo cotidiano?.

Mirar este punto me hace pensar en las coincidencias en tiempo y espacio. En nuestra capacidad de dejar una huella en personas que nunca lo pensamos. Las personas con las que almuerzo todos los miércoles, o las que paso a visitar en mis caminatas por el pueblo, ¿se acordarán de mi años más adelante? ¿Seré partícipe de alguno de sus relatos, meses más adelante? ¿Hablarán bien de mi? ¿Sus vidas habrán cambiado conmigo entre su rutina? ¿Habré cambiados su rutina? ¿Cómo serán el día que siga viaje? Cuando les cuento que dentro de poco tengo que partir, no puedo evitar que cierta congoja me invada el estómago. Me pongo triste. ¿Ellos también se sentirán así? ¿Querrán que los venga a visitar cada tanto? Cuando me ven venir y me sonríen o me ponen una mano en mi hombro, me convenzo que sí. ¿Cómo será la vida de este pueblo cuando no este? ¿Como habrá sido cuando no estaba? Haber estado estos meses acá hizo que para mi, la vida fuera única durante este lapso. Algo que no se va a repetir, diferente. ¿Lo habrá sido también para ellos?

A veces pienso que me confundí al alquilar el cuarto que alquilé estos meses. No tengo horno, no tengo un ambiente para cocinar, no tengo utensilios de cocina variados. Solo una hornalla eléctrica, un sartén, platos, tenedores y cuchillos. Además de mi heladera XXS. Los platos los lavo en el baño y cocino a metros de mi cama. No es que me afecte mucho sinceramente, pero a veces me pregunto: Si hubiera alquilado un cuarto en una casa con estas prestaciones, ¿Hubiera podido ser más parte de este pueblo? ¿Cocinar como lo hacen ellos? ¿Adaptarme un poquito más a su rutina? ¿A su vida? ¿A sus costumbres?. Por otro lado pienso: Si lo hubiera hecho, ¿hubiera perdido la gracia? Quiero mantener ese equilibrio entre ser parte del lugar donde estoy y que ese lugar no se convierta en algo monótonamente común. Creo que esa es la mejor manera de viajar. Ser parte de un lugar, con ojos que no sean de turista. Apreciar como hablan, que dicen, que comen, como viven, cuales son sus gustos y que cosas nunca hacen. Acoplarse a la vida del lugar donde se este. Y a veces pienso que este cuarto me privó un poco de eso. Pero, si no hubiera estado en este cuarto, no hubiera podido mirar este punto.

Hola! Mi nombre es Luciano y soy el creador de Una Vuelta por el Universo y Just DOxIT. Me considero un Ingeniero nómade. Me fui de casa hace ya mas de 4 años y todavía me queda mucha mas ruta por recorrer. Venis conmigo?

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