Instan-taneas de El Nido, Filipinas. Capitulo II

El sol cayendo a los lejos se encargaba de darle un poco de luz al ya oscuro paisaje. Mis pies caminaban por tierra. Los de ella por el mar. Nuestros ojos se cruzaron. Ella agarró bien fuerte una caja y vino corriendo hacia mi. Me detuve y esperé a que su corta carrera alcanzará mi lugar. Abrió la caja y, con una sonrisa en su cara, me la mostró. Pulpos y cangrejos. “¿Do you want?” “No, but thank you so much”. Me sente y le pregunté el nombre, aunque no alcance a entender su respuesta. Empezaba con G, asi que así voy a llamarla así de ahora en adelante.
Fueron segundos que no llegaron a minutos donde G se distrajo un poco de mi presencia y se puso a hablar con su amiga. Y me quedé mirandolas.

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G y sus amigos esperaban a que cayera el sol y, aprovechando la marea baja, caminaban aguas adentro y, con la luz del atardecer alumbrándolos, se ponían a pescar. Capaz el hambre era tanta que comían lo conseguido más tarde junto a su familia. O capaz podían aguantar un poquito más y entonces lo vendían, para ganarse unos pesos e ir al otro día a la Bakery de El Nido y comprarse ese bizcochuelo de chocolate que tanto les gusta. O para ir corriendo a los pies de su papá y decirle que había traido algo de plata a las arcas de su casa. O para ir con orgullo a contarle a su abuela, mientras lava la ropa en las veredas del pueblo, cuantos cangrejos había conseguido y preguntarle si alguna vez ella había conseguido tantos.
G se despierta cada mañana y, me ilusiono con creer, va a la escuela a aprender números romanos, cómo redondear, el máximo común divisor y demás placeres de la vida matemática. Mientras el profesor gasta su tiza en el pizarrón, ella solo piensa en el atardecer. G quiere salir de la escuela, ir a su casa, almorzar con su familia, ir a la playa con sus amigas, jugar con algún perro que camine esas arenas. Cuando el sol finalmente empiece a caer, su corazón va a dar un vuelco de alegría y ellos, llenos de emoción, van a agarrar baldes y cajas y van a empezar una nueva expedición. Uno se va a parar en una piedra, haciendo de jefe y dando órdenes. Otro va a hacer de investigador y va a inspeccionar el terreno, sugiriendo los lugares con más presas. Y G va a estar ahí, con su caja, esperando la señal para pescar más cangrejos que los que su abuela alguna vez pudo conseguir.
Y entonces cuando sus ojos se crucen con los de algún caminante en busca de un atardecer, va a empezar una carrera frenética con el solo fin de mostrar lo que tiene en sus manos. No necesita nada más para ser feliz.
Los ojos de G se vuelven a cruzar con los míos y despierto de mi trance. Me paro. “Give me five”. G sonríe una y otra vez, estira su mano y, salto mediante, choca su mano con la mía y vuelve al mar, contenta y radiante.
Yo sigo mis pasos, caminando en busca del mejor lugar para ver el atardecer, pero espiando de reojo a G, sus amigos y sus sonrisas.

Una Vuelta por el Universo. Atardecer en El Nido. Filipinas.

Hola! Mi nombre es Luciano y soy el creador de Una Vuelta por el Universo y Just DOxIT. Me considero un Ingeniero nómade. Me fui de casa hace ya mas de 4 años y todavía me queda mucha mas ruta por recorrer. Venis conmigo?

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