De la tierra al cielo en menos de 5 días

Previously, en Una Vuelta por el Universo, Capítulo Malasia: “Me despedí de Valentin con un fuerte abrazo y la promesa de vernos en algún lugar del mundo. Espere unos minutos a que saliera el ferry, con café en mano para no dormirme. Me subí y una hora y media después estaba bajando, dispuesto a cumplir mi meta. Eran las 12 del mediodía y me pare al lado de la ruta. Con mi cartel argentino acompañandome, esperé entre 11 y 13 minutos y un camión paró. “Kuala Kangsar?” Pregunté casi con miedo. “Obvio, subite. ¿Cómo te llamas?” “

IMG_2549

Casi sin darme cuenta y sin caer (bueno, todavía no caigo en lo que estoy viviendo) me encontraba en un camión hablando con dos increíbles personas malayas que se ofrecieron a llevarme a Kuala Kangsar. Era mi primer experiencia haciendo dedo, o autostop. Para mi sorpresa, las charlas se fueron dando solas y los temas se sobreponian. No había silencios y cada charla era más interesante que la anterior. Para llegar a destino había que recorrer 266 kilómetros. Sinceramente, me sorprendí cuando, al preguntar si iban para Kuala Kangsar, me dijeron que ellos también iban para ahí. No pensé iba a poder conseguir alguien que me llevara todo el camino, sino que estaba preparado para hacer alguna que otra combinación.

Pero bueno, el mundo conspiró a mi favor diría Cerati y me encontraba viviendo una de mis mejores experiencias. Paramos a comer en el medio y un rato más tarde me estaba bajando para, foto mediante, empezar a caminar los 5 kilómetros que me separaban del pueblo (si quieren saber más, esta historia tiene una instan-tanea). Pero Malasia no quería hacerme caminar mucho y, un par de minutos después, otro auto paró, diciéndome que me alcanzaba hacia el hotel del pueblo. Me subí, charlamos durante el breve trayecto y me despedí agradeciéndole eternamente por el gesto.

IMG_2324

Kuala Kangsar, o The Royal Town, es un pueblo chiquito del que no se sabe mucho. Al menos para los turistas. Había leido algo sobre él en Internet y no mucho más. No esta en mis cosas preferidas a hacer investigar mucho acerca de mi próximo destino. Quedaba en el camino de Cameron Highlands y Kuala Lumpur, asi que me pareció un buen punto para descansar, recorrer un poco y de paso sumergirme más en la cultura malaya.

Kuala Kangsar, The Royal Town
Kuala Kangsar, The Royal Town

Descansé la primera noche en el Double Lion (mis solo dos horas de sueño estaban haciendo estragos) y al otro día, después de averiguar los horarios de salida de los buses, me fui a recorrer el pueblo.

Amabilidad pura de las chicas del centro de información turístico que, luego de sonreir al escuchar de que país venía, me explicaron absolutamente todo y me recomendaron que lugares ir.

Pueblo chiquito y tranquilo, nada de bocinas y embotellamientos, Kuala Kangsar es el lugar donde vive el Sultán del Estado de Perak. Dato motivador para que todos quieran ir (?). Sol, río, caminata, mezquita gigante con unas cúpulas doradas que te dejan ciego (a la cual no pude entrar porque mi mente brillante decidió ponerse pantalones cortos), un imponente palacio real y los Labu Sayong (recipientes de agua tradicionales de Sayong, a unos pocos kilómetros de Kuala Kangsar) decoraron mi día. A la tarde salía el micro y todavía no había decido si pensaba tomarlo o no.

La Mezquita y un motoquero un poco particular
La Mezquita y un motoquero un poco particular
Labu Sayong
Labu Sayong

IMG_2387

Mientras volvía al hotel, paseando por varias casonas antiguas y venidas abajo, que increíblemente decoraban el paisaje y le daban un aire bastante fotogénico, me senté a comer en un restaurant escondido para pensar mis pasos a seguir. Bueno, “ a comer”. Solo quería un ice tea. El dueño, interesado por mi viaje y mi origen, se sentó en mi mesa y compartió mis minutos en el lugar. Juntos charlamos un rato, miramos una novela malaya (entendí todo, obvio) y, luego de aclararle que no estaba perdido sino que estaba caminando sin rumbo por el pueblo, lo saludé y me fui. El me devolvió la sonrisa y me miró irme muy tranquilamente. La generosidad malaya alcanza límites increíbles.

Casonas antiguas, Vol. I
Casonas antiguas, Vol. I
Casonas Antiguas, Vol. II
Casonas Antiguas, Vol. II

En fin, esto de hacer dedo me había gustado y lo consideraba una experiencia muy enriquecedora asi que salí a la ruta una vez más con la idea fija de hacer una escala más en Ipoh. Quederme una noche ahí y después si seguir rumbo a Cameron Highlands. Pero esta vez no iba a ser tan fácil. Muchos autos pararon pero nadie iba para ese lado y, para sorpresa mía, nadie sabía bien para que dirección estaba Ipoh. Hay una ruta vieja y una ruta nueva y entonces eso parece confunde, y bastante. El cielo se empezó a poner negro y las gotas empezaban a caer. La estación de buses estaba bien cerca asi que agarré mis cosas y tomé el primer micro que salía para Ipoh.

Un par de horas después me bajaba en lo que, claramente no era la ciudad que me imaginaba. Google, no me jodas, vos me vendiste humo. Caos, bocinas, humedad, motos por aca, motos por allá. Ipoh no mostraba mucho encanto a mis ojos y claramente iba al último puesto de las ciudades que había visto en Asia. Y menos encanto iba a mostrar cuando me enteré que el hotel (al que caminé más de media hora con mi mochila a cuestas) no ofrecía dormis y lo peor, nunca los había ofrecido. El cuerpo no me daba ni para mostrarle mi celular y que vean que en internet decía otra cosa. En fin… “where is the closest budget hotel?”. Me mostraron como ir y asi fue que llegué al Tokyo Hotel. Hotel venido abajo y sacado de una película americana donde el FBI allana cuartos de personas con cuestionada reputación (apa, que frase elegante). Hotel que me terminaría inspirando y siendo protagonista de otra instan-tanea.

IMG_2433
Tokyo Hotel

Mini siesta y, respirando profundo varias veces, salí a caminar por Ipoh de noche para cenar algo. Debo admitir, probé uno de los mejores teh tarik y roti bom que probé alguna vez. En español, una especie de te con leche hiper mega dulce y un panqueque dulce que esta en el altar de las cosas más ricas del mundo. Volví con la intención de trabajar un poco en mi notebook. Pero el mal wi-fi, el calor, la gente sospechosa que salía de las habitaciones y algunas cosas más me alentaron a ir a mi cuarto y descansar hasta el día siguiente.

Madrugué, usé mi hermoso balde para darme una “ducha” y salí en busca del primer KFC para tener algo de internet decente. Terminé las cosas más urgentes y recorrí Ipoh.

Si te centras en un radio de 2, 3 kilómetros, donde se encuentran los edificios históricos, arte callejero, un barrio chino bastante atractivo y mucha, pero mucha cultura local, aparece un encanto en Ipoh. Pero hay que buscarlo, y bastante. Se jacta de tener el “Heritage Trial”, un camino que recorre edificios históricos de la ciudad, que datan de varios años atrás y tienen origen ingés victoriano. Bueno, eso decia el folleto. Y obvio, una vez mas, me encontraba sumergido de lleno en la cultura malaya y no vi una persona occidental. Eso también tuvo su atractivo.

El Heritage Trail
El Heritage Trail
Arte Callejero
Arte Callejero
Ipoh y su centro histórico
Ipoh y su centro histórico

Pero bueno, la tarde iba llegando y el micro hacia Cameron Highlands salía. Nada de hacer dedo ahora, la ruta era muy a trasmano. Micro fue la primer y única opción que se barajó. Aparte con Ipoh no nos une una relación muy cariñosa así que estaba seguro iba a pasar muchas horas esperando en la ruta.

Cameron Highlands es el punto más alto de Malasia, en donde se encuentran las plantaciones de té más famosas del país. También el clima es más fresco y es muy común ver a los turistas con yoggin y buzo. No pasaron más de 5 minutos que me bajé del micro y, mientras recorría guesthouses buscando el mejor precio y la lluvia caía sobre mi cabeza, ya sentí un cariño especial por Tanah Rata, el pueblito de Cameron Highlands donde iba a hacer base.

El precio del Guesthouse era muy bueno y el lugar, muy lindo. Me sentia a gusto y cuando eso pasa, hay que hacer caso. Decidí quedarme 4 noches, antes de seguir camino a Kuala Lumpur. El clima era ideal, la tranquilidad absoluta, estaba rodeado de montañas, brisa, verde y más verde. Me iba a poder poner al día con el trabajo y descansar mi mente (como si estuviera bastante estresado). Después de un par de días, volvía a ver gente de Francia, Suecia, Inglaterra, Estados Unidos.

Fueron días de mucha tranquilidad. El primer día me quedé en el guesthouse poniéndome al día y disfrutando de la paz de Tanah Rata. El segundo ya fue un poco más activo e hice uno de los caminos más famosos del lugar. Cameron Highlands se caracteriza por tener entre 10 y 14 “Trails” o caminos señalizados y todos tienen asociado una determinada dificultad. Algunos son más duros, otros llegan a picos más altos, otros van hacia cascadas, y demás. Elegí el que me iba a llevar a uno de los picos más altos del lugar y el que me iba a dejar ver las plantaciones de té, uno de los paisajes más imponentes que vi y veré en mi vida. Cuando me disponía a empezar el camino, me encontré con Qui, un chico de Singapur que iba a hacer el mismo camino. Así que subimos juntos, compartiendo anécdotas e historias de vida. Mi mente tuvo otra idea brillante y me dijo que me pusiera un joggin claro que, obviamente, volvió marrón, manchado de todo el barro del camino. Camino duro y lento, pero que finalmente valió la pena. Vistas asombrosas y, una vez más, una paz envidiable.

Subiendo uno de los Trails de Cameron Highland
Subiendo uno de los Trails de Cameron Highland
IMG_2549
En la cima, Vol. I
IMG_2563
El paraiso?
IMG_2490
Jungle Walk 1
IMG_2498
Llegando a la cima
IMG_2531
Los locales trabajando al rayo del sol

Volví a Tanah Rata (obvio haciendo dedo, unos 5 kilómetros) y pasé la tarde descansado. La jornada había sido dura. Al otro día, luego de una caminata tranquila durante la mañana, conocí a dos chicos italianos en el guesthouse. Les recomendé donde ir durante el día y cuando volvieron, ya de noche, nos quedamos hablando hasta muy tarde sobre el café italiano, las pastas, el asado, el vino y todos esos placeres que no se consiguen por estos lados.

Cameron Highlands llegaba a su fin y era momento de salir para Kuala Lumpur. Me despedí de Matteo y Elena con un sentido abrazo (nos conociamos hace dos días pero bueno, de vuelta, esto de los lazos y viajar es tremendo), agarré mi mochila y, decidido, me paré a un costado de la ruta. Unos mochileros pasaban por enfrente mío y me preguntaron a donde iba. “Kuala Lumpur!” “Good luck !” Les sonreí y, dos minutos después, Osmar paró su camioneta para sonreirme y decirme que me suba, que el también iba para ahí. Su esposa se sentó en el asiento de atrás junto a sus dos hijos y, casi sin darme cuenta, empezaba una nueva aventura y estaba generando una anécodta inolvidable más.

Hola! Mi nombre es Luciano y soy el creador de Una Vuelta por el Universo y Just DOxIT. Me considero un Ingeniero nómade. Me fui de casa hace ya mas de 4 años y todavía me queda mucha mas ruta por recorrer. Venis conmigo?

Leave a reply:

Your email address will not be published.

4 × 4 =

Site Footer

Sliding Sidebar

Acerca de mi

Acerca de mi

Hola! Mi nombre es Luciano y soy el creador de Una Vuelta por el Universo. Me considero un Ingeniero nómade. Me fui de casa hace ya mas de 4 años y todavía me queda mucha mas ruta por recorrer. Venis conmigo?

Lo que anduve escribiendo

Proyecto iTravel

Viajando, mezclo mis dos pasiones. Recorrer el mundo y ser Ingeniero en Informatica. Como? Mira 👉🏼 iTravel...