Tan majestuosa, tan humilde, tan Kuala Lumpur

Previously en Una Vuelta por el Universo, Capitulo Malasia: “…me paré a un costado de la ruta. Unos mochileros pasaban por enfrente mío y me preguntaron a donde iba. “Kuala Lumpur!” “Good luck !” Les sonreí y, dos minutos después, Osmar paró su camioneta para sonreirme y decirme que me suba, que el también iba para ahí. Su esposa se sentó en el asiento de atrás junto a sus dos hijos y, casi sin darme cuenta, empezaba una nueva aventura y estaba generando una anécdota inolvidable más.”

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Debatí mentalmente varias horas si sacar el micro o no, si gastar o no 10 dólares para llegar a Kuala Lumpur, si esperar en la ruta vaya a saber uno cuanto, hice infinitas cuentas para saber cuantos almuerzos y cenas equivalían esos 10 dólares que me estaría ahorrando en el viaje (cuando estas en Asia, son muchos). Pero finalmente me decidí y me paré al lado de la ruta. Espera que fue de solo 2 minutos, tiempo que le tomó a Osmar encontrarme con mi cartel de Argentina y preguntarme hacia donde iba. A veces me pregunto que es lo que me ve la gente para parar y llevarme. ¿Será así con todos? ¿Transmitiré algo que inspira confianza? ¿Ellos también buscarán nuevas historias y aventuras? ¿Tendrán un pasado viajero no realizado y por eso intentan ayudarme? ¿Cómo será el diálogo previo en el auto, decidiendo si paran o no? Muchas preguntas que tuve que dejar para otro momento, porque el viaje con Osmar y su familia fue muy llevadero, paramos a almorzar, visitamos nuevos lugares y charlamos de muchas cosas. Un viaje que se terminó retratando en esta instan-tanea.

Osmar me dejó en la estación del “metro” malayo para que me fuera a encontrar con Irwan, mi host de Couchsurfing en Kuala Lumpur.

Sentía cierta curiosidad por mi encuentro con Irwan. Aunque había hecho Couchsurfing por Europa, era la primera vez que lo hacía en Asia. No sabía si iba a ser igual, ya que la cultura es bastante diferente. ¿Cómo sería vivir en una casa de una familia musulmana? ¿Cómo sería vivir en la casa de una familia asiática?

Luego de esperar unos minutos, apareció él con su camioneta XXL y miles, miles de preguntas. Pero con una alegría y una energía única, lo cual me hizo relajarme y, con una sonrisa, responder sus preguntas y hacer mis preguntas. Irwan y su familia vivían un poco alejados del centro de Kuala Lumpur, lo cual me iba a dejar conocer partes de la ciudad no tan aptas para turistas.

Vaya a saber uno porque, Irwan se prometió a si mismo hacerme probar todas esas comidas típicas malayas que todavía no había probado. Por eso la primer cena fue en un puesto callejero, probando una de las mejores hamburguesas que comí en mi vida. Lo curioso es que pasé por puestos así durante casi 20 días, pero siempre pensaba que eran puestos turísticos, para llamar la atención de los western. Irwan me contó que era algo tan típico como el teh tarik y los rotis. Hamburguesa doble, con queso y alguna que otra salsa, en la calle, al mejor estilo puesto en La Bombonera, antes de entrar a la cancha con mi papá. Dicho sea de paso, este ejemplo fue el que elegí para contarle a Irwan que estos puestos eran algo común en Buenos Aires. A veces (demasiadas últimamente) me llama la atención como dos mundos tan lejanos tienen tantas pequeñas similitudes, tantos detalles mínimos que acercan ciudades o países. Me pasa que cuando voy caminando por las ciudades intento encontrar la melliza europea o argentina. Muchas veces me es muy fácil encontrarla y en mi cabeza hago la lista de todos los items que justifican mi decisión.

No importaba que estuviéramos lejos del centro de Kuala Lumpur, Irwan me quería hacer conocer las torres Petronas de noche (las Torres Petronas son las torres gemelas mas altas del mundo y, sin duda, el símbolo de KL).

De antemano no sentía mucha curiosidad por verlas, sentía que iba a ser algo más del montón. Y la realidad es que eso sentía con Kuala Lumpur. Sentía una obligación por ir, porque era una capital y bueno, estaba cerca. Pero iba con las mínimas expectativas. Había algo que no me llamaba. Sentía que no iba a ser un lugar con el que tuviera conexión. Pero a veces el instinto del viajero falla.

Cuando vi las torres desde el auto, a lo lejos, quedé hipnotizado. No podía dejar de mirarlas. Perdí la cuenta de cuantas fotos les saqué, de todos los ángulos posibles. Me senté frente a ellas y, por unos segundos, caí donde estaba. Cuando ves de frente esos iconos tan representativos de un lugar, te das cuenta cuantos kilómetros recorriste, cuan lejos llegaste. Me pasó con pocos lugares en el mundo y solo puedo comparar lo que sentí esa noche con las (infinitas) veces que me quedé sentado en ese banquito de Londres, mirando el Big Ben horas y horas.

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Antes de volver pasamos a comer el, según Irwan y su amigo (al que habíamos ido a buscar previo viaje a las Torres), el mejor Cheese Nan de Kuala Lumpur. El Nan es una especie de ¿torta frita? gigante al que se le agrega cualquier cosa, por ejemplo queso derretido. Diossss que rico !

El segundo día me recibió con un desayuno típico malayo y recorriendo varios lugares no tan comunes de Kuala Lumpur. La mezquita azul cercana a la casa de Irwan, la Little India, algún que otro palacio. Y obvio, entre destino y destino, siempre parábamos a comer algún manjar malayo que todavía no había probado.

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Pero en ese segundo día, lo mejor iba a venir a la noche (después de la riquisima sopa de ribs y torta de banana que me cocinaron esa noche). A una hora de la casa de Irwan existe un lugar donde, a orillas de un lago, hay miles y miles de luciérnagas. Uno se sube a un pequeño barco comandado por una persona local y se sumerge en la oscuridad del mismo. Minutos después, se empieza a ver todas las luciérnagas brillando en la oscuridad. Algunas se posan sobre la mano de uno, y ahi se quedan. Es sencillamente asombroso girar 360 grados y ver todo oscuridad y las luciérnagas brillando. La paz que transmite algo así debería ser vivida por todos al menos una vez en la vida. Brilla noctiluca, un punto en el mar oscuro. 

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Al otro día me toco despedirme de Irwan, sin antes dejarle un par de rosarios como regalo y de llevarme un almohadón hecho por su esposa para mis viajes en todos los medios de transporte posible. Previo a la despedida fuimos a almorzar con sus hijos. Irwan, su esposa, su familia y su historia de vida me inspiró a escribir esta otra instan-tanea que vale la pena leer una y mil veces.

La tarde del tercer día y casi todo el cuarto día lo pasé recorriendo el centro de Kuala Lumpur,  las Batu Caves, sumergiéndome en los lugares más típicos de esta hermosa y gigante ciudad. Me puse al día con algunas cosas de trabajo, tomé mi último teh tarik, comí una hamburguesa callejera en honor a Irwan, visité las Torres Petronas una vez más antes que caiga el sol para poder verlas de día y de noche, y caminé de vuelta al hostel aunque todos me decían que era un camino muy largo. Volví caminando sumergido en una paz muy tranquilizadora. De los lugares que menos te esperas es de donde salen las mejores experiencias. No hay vuelta que darle.

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Me pongo contento de haber hecho dedo para llegar a Kuala Lumpur y asi conocer a Osmar. Me pongo contento de haberme contactado con Irwan para hospedarme y asi conocer su increíble y motivadora historia de vida. Me pongo contento por haber querido ahorrar esos 10 dólares, porque me permitieron vivir experiencias que ningún hospedaje en el mundo me las hubiera dado. Me pongo contento por viajar así, tan lento, tan tranquilo. Me sorprendo por las cosas que descubro y por las experiencias que vivo. Me pongo contento por saber que existen cosas así en el mundo.

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Kuala Lumpur, y a su vez Malasia, llegaba a su fin. Me tomé el micro al aeropuerto y, luego de esperar algunas varias horas, hice el check-in y me subí al avión con destino a Manila, Filipinas. Se venía un encuentro muy especial y un país nuevo en mi historial.

Hola! Mi nombre es Luciano y soy el creador de Una Vuelta por el Universo y Just DOxIT. Me considero un Ingeniero nómade. Me fui de casa hace ya mas de 4 años y todavía me queda mucha mas ruta por recorrer. Venis conmigo?

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