El Nido a la española

El Nido, teoricamente, no era nuestro destino final en nuestros días recorriendo Filipinas juntos. Nuestro plan original era hacer un par de días en El Nido, tomar un barco a El Corón y de ahi, luego de otro par de días, tomar un barco de varias (demasiadas) horas hasta Manila para, ahi sí, separarnos y cada uno seguir su rumbo. Pero, en un viaje, los planes estan hechos para romperlos. Y así fue.

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El Nido nos recibió con los brazos abiertos desde el primer momento. Después de bajar de la mini van que nos acercó hasta esta ciudad, un triciclo nos llevó al centro y nos recomendó una guesthouse barata. Negociamos precio y nos quedamos. Nada de lujos, obvio. Pero este lugar tenía escondido una grata sorpresa para nosotros. Después de pasar el primer día en la playa, y mientras intentábamos hacer que el wi-fi de la sala común funcionara, 4 españoles se nos sentaron enfrente. Empezar a charlar fue solo cuestión de segundos. Y menos que menos cuando nos ofrecieron uno de los mejores jamones crudos que algún día hayamos probado. Los 6 empezamos a contar nuestras historias y, en solo un instante, todos sabíamos que se estaba formando ese típico lazo viajero, donde en minutos se forja una relación que en otro ámbito tarda años.

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A partir de ese momento, los días en El Nido transcurrieron en grupo y en un 100% lenguaje español. Playa, playa y más playa. También island hopping, una de las ofertas más típicas de Filipinas. En un barquito, que obviamente no cumple ninguna norma de calidad ISO, te llevan por diferentes islas para bucear, tirarse en la playa y ver paisajes imponentes (y algunos con almuerzo incluido, como el nuestro).

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Fue en Las Cabañas, una playa a 4 km de El Nido, que conocimos a Alicia y Tony, otros dos españoles y los 6 nos transformamos en 8. Lo que al principio era un día de sol en Las Cabañas, se transformó en cuestión de segundos en una fuerte (muy fuerte) tormenta. Pero a diferencia de lo que cualquiera pudiera haber hecho, no nos movimos del agua. Era tanta la comodidad que teníamos y eran tantas las charlas que se sucedían paralelamente, que decidimos quedarnos sentados en el mar, abajo de la lluvia. Ya iba a parar. Eramos 8 personas, solas en toda la playa, sentados en el mar, bajo un diluvio. Todo eso terminó retratándose en esta instan-tanea.

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El Island Hopping también dejó lo suyo y, aunque Hector haya tenido un pequeño percance en el pie, pasamos un increíble día que terminó en una genial cena en la playa. Más adelante, y como la noche anterior, nos quedamos sentados en la playa escuchando música (bendito Spotify) y tomando cerveza.

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Nuestro plan nos marcaba que nos teníamos que ir a El Corón pero… estabamos tan cómodos en El Nido. Con la excusa de que con el clima el viaje en barco podía ser peligroso, cancelamos nuestro barco de El Corón a Manila y, en un par de minutos, cambiamos nuestro itinerario. Nos quedabamos una noche más en El Nido, viajabamos a Puerto Princesa, de ahí avión a Manila y listo, problema solucionado.

Así fue que el último día en El Nido, mientras parte del grupo fue por otro Island Hopping, B, Tony y yo nos fuimos a una playa a unos 30 minutos. Imposible recordar el nombre pero imposible olvidarse la arena blanca, el mar transparente y el sol haciendo todo un poquito más lindo. Paraíso. Nos quedamos hablando durante horas sentados en el mar, hasta que fue tiempo de volver. Aunque consideramos seriamente quedarnos varias horas más, el triciclo nos estaba esperando.

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Cerramos la estadía en El Nido con una memorable puesta del sol (en donde apareció esta historia) y una última cena. Al otro día nos subimos a la van para Puerto Princesa. Abrazos de por medio, prometimos seguir todos en contacto y nos deseamos lo mejor para lo que quedaba de nuestros viajes. Habían sido unos días únicos y todos lo sabíamos. Ya nos vamos a volver a encontrar, en alguna parte del mundo.

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Nos quedó tiempo con B de dormir una noche en Puerto Princesa, ahora si con lujos y con desayuno incluido. A la mañana siguiente tomamos el vuelo y ahora sí, era momento de nuestra despedida. Habían sido 10 días de risas, anécdotas, historias, charlas y demás. 10 días que vamos a recordar por mucho tiempo. Cada uno seguía su rumbo y no fue necesario una gran despedida para decir lo que necesitábamos decir y saber que, algún día y en alguna parte del mundo, también nos íbamos a volver a encontrar.

Algunas horas después de despedir a B, estaba en una camioneta camino a Guimba. Era momento de enseñar en Filipinas.

Hola! Mi nombre es Luciano y soy el creador de Una Vuelta por el Universo y Just DOxIT. Me considero un Ingeniero nómade. Me fui de casa hace ya mas de 4 años y todavía me queda mucha mas ruta por recorrer. Venis conmigo?

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