Cartas a vaya saber uno quien, Episodio V – Caos

Para vos,

Hola! ¿Cómo estas? Espero que todo bien. Esta especie de reloj biológico que tengo se activó y me dijo que era tiempo de escribirte unas líneas. Mire cuando había sido la última vez que te había escrito y si, había sido hace 3 meses. El reloj no falla. Aunque la última vez decidí esperar un poquito más, esta vez preferí no hacerlo.

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Se cumplieron 15 meses desde que estoy en la ruta viajando, ¿sabes?. Ni yo me lo creo, que locura. Como siempre hago cuando te escribo algo, releo las cartas pasadas. Siempre digo, y reafirmo, que es un buen ejercicio leer al yo de hace un tiempo atrás, ver que pensaba, como se expresaba, que pasaba por su mente esos días, que planeaba, que soñaba. Releí las 4 cartas que te escribí y, mentalmente, fui viajando por estos 15 meses, recordando momentos y anécdotas. Como crecí este tiempo, como cambié, y no hablo de la creciente barba que tengo y las nuevas pulseras que decoran mi muñeca.

Ahora estoy en Ho Chi Minh, al sur de Vietnam. O Saigón, como quieras decirle. Estoy enseñando a 50 km de la ciudad en un hermoso instituto privado. Enseño todos los días y vivo en el tercer piso. Me tratan tan bien que me da vergüenza. Es raro vivir en un ambiente educativo. Pero una rareza linda, motivante. De Lunes a Lunes, me levanto, desayuno (estaría extrañando las tostadas con casancrem y dulce de leche), tomo mi primer café del día y empiezo a armar las clases del día. Tengo mi cuaderno rojo donde voy escribiendo lo que quiero hacer con los peques (o no tan peques). Un poco como ayuda memoria, un poco para leerlo algún día en el futuro. Almuerzo y, después una siesta y del segundo café del día, me siento en mi escritorio (que amo. Amo mi habitación. Es tan clara, tan abierta, tan nosequetienequemefascina) y abro mi notebook. Paso un par de horas escribiendo, mandando mails, trabajando como freelancer.

Las clases arrancan a las 6 pero ya desde las 5, 5 y pico, los nenes van llegando al instituto. Quieren sentirse parte de algo, ¿sabes? Llegan con su remera blanca y roja, y no les importa que hayan pasado todo el día en el colegio. Se sientan en las computadoras y juegan un rato, o simplemente caminan por la recepción. Un ratito antes de las 6 bajo a saludarlos, antes de empezar las clases. Todos me ven y gritan un “Jelou Ticheeeeeerrrrr” o un “Jelou Lu-choooooo”, haciendo fuerza en la ch. Chocamos los 5 y camino un rato por la recepción, saludando a los padres o buscando el material que me haga falta para las clases. Me tomo mi tercer café del día y subo al aula. Y ahi están ellos. A veces más chiquitos. A veces más grandes. Pero siempre sonriendo, es increíble. Hasta cuando se portan mal sonríen. Hacen lío con una sonrisa, no entiendo como. Me cuesta enojarme, me cuesta mantenerme serio (bueno, siempre me costó). Encontré que la mejor manera que se den cuenta que hicieron algo mal es callarme y mirarlos fijo. Pero es muy difícil hacerlo sin reírse. Tienen ese no se que en los ojos, tan tierno, tan inofensivo. Si son mas grandes, se me hace fácil. Bueno, vos sabes que siempre me lleve bien coordinando o enseñando a adolescentes. Es mi área favorita. Hablo con ellos, hago chistes, salto, canto, bailo, pierdo toda seriedad que mi camisa puede aparentar.

A veces es 1 hora y media. A veces 2. A veces 2 horas y media. Pero siempre se pasan volando. El primer día las clases eran de 10, 12 chicos. ¡Ayer tuve una de 19! Me pone contento ver como va creciendo todo. Cuando las clases terminan, bajo, despido a los chicos y ahi esta mi cena esperándome. Más tarde, a veces, vamos por unas cervezas o algo para tomar a un bar acá cerquita. Y así son mis días. Bastante tranquilos, ¿no?

Estoy en Vietnam hace más de dos meses, cosa que nunca hubiera pensado. Cuando te escribí la última carta, estaba en Hong Kong. De ahi me fui a Macau (que hermoso país, que hermosa gente, definitivamente voy a volver) y después pasé 22 días en la paz de Laos. Laos podrá ser uno de los 10 países más pobres del mundo pero cuanta armonía en ese país, cuanta paz, cuanta humildad, cuanta historia. Amé su cultura y amé a su gente, aunque me da bronca ver que algunos se dan cuenta del negocio del turismo y rompen con este legado. Buscan aprovecharse y echan a perder todo lo que, sin darse cuenta, su gente hace, con el solo hecho de vivir.

Y el después llegué a Hanoi, donde pasé mas de un mes como voluntario, enseñando inglés. Y lo que era paz y armonía en Laos se termino de transformar en una bipolaridad que hoy sigue latente. Porque Vietnam, y en especial Hanoi, tiene ese efecto sobre uno. No es que cada día era diferente. Cada hora era diferente! Me podía despertar de buen humor y echar todo a perder en un abrir y cerrar de ojos, o viceversa. Las motos, las bocinas, el ruido, la contaminación, el acecho al turista. Hay que estar listo para Hanoi. Creo la subestimé. O no me preparé demasiado. La amé. La odié. La volví a amar. La volví a odiar. Y la volví a amar. Cuando tenía días libres viajaba un poquito. Fui a Sa Pa dos veces, pasé por Tam Coc y fui a Halong Bay. Cada lugar me enamoró y me atrapó. Cada lugar hizo que no quisiera volver a Hanoi. Aunque Hanoi tiene ese magnetismo masoquista que te hace regresar. Algo así como Buenos Aires.

Fue en Hanoi donde empece a vivir una crisis más. Una crisis caótica. Algo que me llevaba a lo impredecible. Y no hablo de caos como algo malo, algo terminal, algo depresivo. Hablo de ese caos que, más adelante, te lleva al orden. Entropia. Esta volatilidad anímica, esta bipolaridad, empezó´a hacerme replantear muchas cosas, a sentir cosas que durante este tiempo no había sentido. Había días que ni enseñar me salvaba. Pero había días que era muy feliz. Ese subibaja de emociones puso mi cabeza a funcionar, a mil revoluciones por hora.

Y cuando finalmente creía conquistar Hanoi, me fui. Ho Chi Minh me llamaba, por unos meses. Y entonces pasé de estar en total compañía, de haber hecho amigos, de salir todos los fin de semanas, a estar solo de vuelta. Pasé de conquistar algo a tener que conquistarlo. Pasé de lo realizado a lo incompleto. Volví a empezar. Una vez más. Y me di cuenta de eso. Y sentí un vacío. Uno muy grande. Sentí soledad. Sentí tristeza. Sentí desesperación. Sentí desgano. No quería. No quería volver a empezar, una vez más. No quería contar mi historia de vuelta. No quería repasar mis últimos meses en historias y anécdotas. No quería pasar por esa charla/entrevista con personas nuevas para que la mente los califique en “posibles amigos” o no. No quería sonreír a todas las personas que tuviera adelante sola para quedar bien. No. No quería. Pensé en volver, ¿sabías? Capaz era una señal. Capaz era el momento. Pero me convencí que no. No iba a poder soportarlo.

Estaba pasando una crisis, un temporal, que me iba a permitir evolucionar, crecer un poquito más, dar un pase hacia delante. Tenía que ser paciente y superarlo. Como esas heridas profundas que tardar en cicatrizar. Que primero duelen, que después arden, que después molestan, que después pican, que después solo las ves y que después desaparecen en tu físico, pero no en tu memoria.

Con el correr de los días me fui encontrando. Fui recuperando las ganas. Fui recuperando la sonrisa. Fui recuperando la motivación. Tanto la recuperé que el primer día de clases en Ho Chi Minh me sentí motivado como pocas veces. No solo estaba feliz, sino que estaba. Era yo. Estaba siendo. Y eso me tranquilizó. Fueron semanas duras, pero aprendí a apreciar los momentos tristes. Aprendí a apreciar el caos. Aprendí a apreciar lo impredecible. Fue duro porque cuando uno más viaja, piensa que estas crisis no van a ocurrir tan seguido, piensa que uno es experto en el tema. Pero se equivoca. Es totalmente al revés. Estas crisis son necesarias.

Pero bueno, te escribí mucho creo. Estoy feliz, eso es lo importante. Miro al futuro con muchas ganas, y con muchos planes por delante. Hoy Buenos Aires esta más lejos que de costumbre. No se mañana.

Estes donde estés, que estés sonriendo.

Lucho

Hola! Mi nombre es Luciano y soy el creador de Una Vuelta por el Universo y Just DOxIT. Me considero un Ingeniero nómade. Me fui de casa hace ya mas de 4 años y todavía me queda mucha mas ruta por recorrer. Venis conmigo?

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