Crítica al nómade digital y su imperiosa necesidad de compartir

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Aclaración: Lejos de una innecesaria hipocresía, confieso que fui, soy y seré parte de uno y/o varias de las contradicciones enumeradas a continuación.

 

Existe en Bali un templo muy concurrido por el turismo. Dos largas murallas se enfrentan sobre un precipicio y se agigantan en su final, dejando un espacio entre ellas, formando una puerta al infinito. La gente espera por horas en la fila, esperando que un nene, sentado en una banqueta, les saque una foto en estas puertas. Si uno ve la foto en alguna red social, se encuentra con un pedazo de agua cristalina el que el sol refleja sus rayos, creando un pintoresco y, sin dudas, inolvidable retrato, digno de miles de Me gusta y cientos de comentarios. Ahora, si uno tiene la suerte de presenciar el momento en donde se produce la fotografía, podría observar como el nene usa un espejo diminuto para generar dicho efecto. El camino hacia el abismo es constituido por piedras, baches y cemento que arde ante el calor balines. Dos caras de una misma situación.


¿Para qué viajamos? ¿Viajamos para nosotros? ¿O viajamos para el otro? La felicidad es real cuando es compartida, dicen. Pero, ¿hasta que punto?, me pregunto. ¿Elegimos nuestro próximo destino pensando en la foto que nos vamos a sacar? ¿O lo hacemos en base a deseos, creencias, motivaciones y curiosidad? Cualquiera de las dos respuestas son válidas. Incluso asumo habrá más de dos. Solo que algunas no las entiendo. En este mundo de historias de 24 horas y de un éxito logrado en base a estereotipos y etiquetas, ¿cuánto nos desconectamos con la realidad, en el afán por conectarnos con lo virtual?


¿Cuan hipócritas somos, si afirmamos tener la libertad de elegir donde vivir, pero somos presos de una falsa espontaneidad y de una tecnología que limita? ¿Qué diferencia hay con aquel al que criticamos, sentado en una oficina, en una monótona rutina, si a fin de cuentas ambos vivimos tras las rejas de nuestras limitaciones? ¿Es una decisión consciente la que tomamos, o es nuestro inconsciente el que sucumbe a lo que socialmente esta en auge?


“Voy a buscar la foto al amanecer, sin gente, con el sol pegando en el ángulo correcto, con el mar en calma y las gaviotas sobrevolando una arena blanca y virgen. Algo que le de a mi contenido un salto de calidad”, alguien podría decirme. No lo discuto. Aunque tampoco lo comparto. ¿No es acaso un salto de calidad empaparse con la cultura de los pueblos que tenemos la suerte de visitar? ¿No es acaso un salto de calidad llenar nuestra cabeza de vivencias? ¿No es acaso nuestra memoria el único tesoro sin riesgo de perderse? Se busca la aprobación ajena con una frenética desesperación, de igual manera que otros se encaprichan en estudiar, trabajar, casarse, tener un hijo y comprar una casa. A ambos les hago la misma pregunta. Cuando lo logren, ¿qué viene después? ¿Alguna vez te preguntaste por que, cuando suena nuestra tema de música favorito, nos esmeramos en filmarlo para nunca más volverlo a ver, en vez de mirarlo para nunca más poder olvidar?


Una risa. Una mueca. Una lágrima. Una charla. Un abrazo. Una cena. Un momento. Un consejo. Un atardecer. Una enseñanza. Son esas algunas de las cosas que deberíamos buscar a la hora de elegir viajar. No es lo importante encontrar un medio para compartirlo, sino es encontrar la manera de vivirlo. No es estar lo que amerita el riesgo del salto al vacío, sino ser. Es lo intangible lo que nos va a permitir apreciar lo que nos rodea. Que nuestros nietos no creo sean tan ignorantes, y en vez de ver una foto, van a querer escucharnos, y crear su propia imagen.


Si nadie nos comenta, si nadie nos escucha, si nadie nos lee, si nadie nos ve, sentimos una puñalada en el corazón, lo tomamos como un fracaso y buscamos como remediarlo. Pero, ¿vos te escuchas a vos mismo? Casi como expertos en matemática, pasamos largas noches buscando como vencer al algoritmo de una red social, pero no le dedicamos diez minutos a cerrar la herida del pasado que sigue sangrando sin nosotros poder verla. Como un perro al que se le da un caramelo si se tira al piso o levanta su pata cuando se lo pedimos, respondemos al instante y no nos permitimos desaparecer, por miedo a ser olvidados en un limbo del que nadie pidió estar, pero del que todos somos parte. ¿Cuál es nuestro límite? ¿Donde esta la línea? ¿Cómo pretendemos entregarnos al máximo si no estamos bien con nosotros mismo? ¿Cómo pretendemos dedicar tiempo al otro si no nos dedicamos tiempo a nosotros mismos?


¿Cuándo creció tanto nuestro ego, que nuestro vestido rojo pasó a ser más importante que el sol cayendo en el horizonte? ¿Desde cuándo nos creemos tan importantes, que necesitamos usar una camisa blanca y un sombrero a tono, para que la gente nos mire un poco más? ¿Por qué nos creemos el centro del mundo? ¿Estamos para mostrar, o estamos para contar? ¿Qué es lo que queremos transmitir? Que importante es alejarse, para tener otro punto de vista.


Existe en Bali un templo muy concurrido por el turismo. Dos largas murallas se enfrentan sobre un precipicio y se agigantan en su final, dejando un espacio entre ellas, formando una puerta al infinito. La gente espera por horas en la fila, esperando que un nene, sentado en una banqueta, les saque una foto en estas puertas. ¿Vos harías la fila?

2 Comments

Pao says:

15 noviembre, 2018 at 2:51 am

Haria la fila por supuesto! Es parte de la experiencia, y no podemos criticar lo que no conocemos. Todos vamos a hacer la fila llegado el momento. La diferencia esta en la foto que te llevas del lugar: la que te saca el nene, o si elegis retratar al crack del nene sacando la foto, él solamenre supo leer lo que la gente quiere y es muy genial.
El resto paso y va a seguir pasando solo que lo vamos trasladando a diferentes niveles o medios. La popularidad en los circulos sociales siempre existió, la diferencia es que hoy es global y en forma de red social. Lo más hermoso del mundo sería que antes de compartir algo nos cuestionemos si va a ayudar a otros, el para qué. Y por suerte hay cada vez más 😊

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lcicerchia says:

20 noviembre, 2018 at 6:24 pm

Hermosa respuesta, para pensar y reflexionar. Me encantó.
“No podemos criticar lo que no conocemos”. Me quedo con eso. Que lindo sería si todos nos cuestionamos, como decis, si lo que compartimos tiene un significado, y es para ayudar. Ojalá haya cada vez más de esos que quieran compartir para ayudar !

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