Viajar abre la mente

Posteado por | · · | Una serie de relatos espontáneos e impensados


Viajar abre la mente, como algunas flores, esa sin espinas y que se enrolan.

Como un cuchillo filoso que nunca se oxida, viajar rompe los prejuicios envasados al vacío, mostrando que lo que estaba tapado no tenía porque ser conservado ni escondido.

Nacemos encasillados en nuestra caja de cristal.

No nos movemos. No salimos de 4 paredes imaginarias que marcan nuestra zona de confort. No digo que sea culpa nuestra. Al menos al principio.

No vemos la puerta. No consideramos la opción de que, más allá, hay algo más. No entendemos el concepto de frontera porque, simplemente, desconocemos que existe la palabra.

¿Cómo vamos a poder cruzar un borde si ni siquiera sabemos que estos existen?

Si para nosotros, lo que nos rodea es lo único que hay.


De arriba, con perspectiva y curiosidad, no dudo que alguien nos ve encerrados cómo hamsters en una jaula, tan cerca y tan lejos a la misma vez.

Viajar es una puerta. Viajar es un puente. Viajar es un medio. Viajar es entender que nuestra caja de cristal, por más linda que la vea, y por más cálida que sea, no es la única ni la mejor. 

Allá afuera, más cerca de lo que imaginamos, capaz hay otra. Un poquito más grande. Un poquito más chica. Donde se reza con las manos apoyadas al piso, y no con palmas juntas entre si.

Allá afuera, más lejos de lo que sabiamos existía, capaz hay otra. Con vitrales en vez de vidrios y con mantas en vez de mesas. ¿Cómo que comen con la mano? Mi papá nunca me enseñó eso. 

Allá afuera, a un tren y 10 pasos de distancia, capaz hay otra.

Ni más linda ni más fea. Diferente. Y capaz nos gusta más. Y capaz la elegimos. Cambiar no es reemplazar, ni el cambio significa denigrar lo que dejamos de lado. Somos cambio. Cambiar es evolucionar a lo que el presente nos pide.

Capaz la elegimos y nos cuestionan. “¿Cómo no te gusta más, si es lo que estudiaste?” “¿Cómo no queres comer más carne, si es lo que siempre te pusimos en el plato?”. “¿Cómo puede ser que no elijas más la realidad que alguna vez defendiste?”. 

En esta vida finita, me gustaría vivir mil y un años. No por egocéntrico, pero si por curioso. Para saber lo que hay ahí fuera. Para ver como comen en Kenya, como juegan al fútbol en Marruecos, cómo cocinan en Irán y cómo pasan el día los ancianos en Costa Rica. 

En esta vida finita, me pregunto porque el tiempo es tan tacaño, que se guarda todo para él y nada para nosotros.


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