Bangkok – La puerta de acceso a un mundo paralelo

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Al menos para mí, escribir depende mucho de la inspiración. Hay días que puedo escribir horas y horas y otros que simplemente no tengo la voluntad de sentarme frente al teclado. El último mes fue así, sin ganas de escritura. Recopilando mucha información en mi mente, ordenándola y pensando como se vería en un texto de mi blog, pero sin plasmarlo en una hoja. Hoy, en Phuket, mientras escucho la lluvia caer y veo una serie, la inspiración tocó la puerta. Las ganas aparecieron. Apreté pausa (Perdón The Blacklist, te juro en un rato vuelvo con vos) y me senté a escribir estas líneas. Era hora de escribir mis primeras líneas desde Asia. Al fin llego el momento.

Lugares típicos y ocultos de Bangkok
Lugares típicos y ocultos de Bangkok

Pero vamos un poco para atrás. Hoy se cumplen 21 días desde que estoy en la otra punta del mundo, como todos me dicen. El casi medio día de diferencia horaria, el calor agobiante, el casi ritual de pedir “no spicy” en cada mercado o restaurant. Hoy se cumplen 21 días desde que me tomé un avión con destino a Bangkok, para empezar mi viaje por el Sudeste Asiático. Hoy se cumplen 21 días desde que empecé esta aventura. Y para contarla, es necesario empezar desde el principio.

El simple hecho de decidir conocer un nuevo continente y enfrentarme a costumbres y obstáculos nuevos fue un gran desafío. No solo por pensar en lo que se venía, sino también por los días previos. Ansias, miedos, expectativas, esperanza, confianza y demás. Debates sobre mi nuevo plan. Charlas con amigos imaginándonos lo que se venía. Noches sin dormir pensando en como sería la vida por estos pagos. Y así podría seguir infinitamente. Pero el avión tenia una fecha de despegue y me apegué a ella. Arme mi mochila grande y mi mochila chica. Regalé ropa que no iba a usar más y empaqué lo justo y necesario. Convicción y confianza. Me cargué una a mi espalda y otra en mi pecho. Hice el check-in y embarqué. Me subí al avión. Baje en Dubai. Esperé un par de horas y me subí a otro avión. Baje en Bangkok. Me sellaron el pasaporte. Ahora sí. La aventura había oficialmente comenzado.


El pasaporte sellado. La aventura comienza !


Sabía que adaptarme no iba a ser tan fácil así que fui mentalizado a tomarme las cosas con calma. Mentalmente, el primer mes iba a ser de transición. Tailandia y su turismo creciente me iba a ayudar con eso. Con un poco de jet lag encima y gastando mis primeros Bahts, me tome una especie de subte del aeropuerto a una estación de la que nunca voy a recordar el nombre. Ahi me tomé otra especie de subte hacia otra estación de la que nunca voy a recordar el nombre. Salí. Le hice frente a la humedad nocturna. Caminé 10 minutos y transpiré como si hubiera sido 10 horas. Llegué al hostel y, luego de dejar mis cosas y darme un baño, me tiré en la cama intentando entender donde estaba. Hice mi primera compra en un 7-Eleven y cené en el hostel. Dormí un poco pero a las 4 de la mañana me desperté. Jugaba Boca y no estaba en mis planes perderme el partido. Bienvenido Lucho a la tierra donde los partidos de fútbol se van a ver de madrugada.

Me tomé la mañana del día siguiente libre (Lunes? Martes? Cuando uno viaja no se guía por calendarios creo yo, es simplemente “El día que fui al Gran Palacio” o “El día que conocí la mejor playa de mi vida”). Adelanté algunas cosas laborales (gracias mundo freelance) y alrededor del mediodía afronté el calor y salí a la calle. Joanna, una chica polaca que conocí en Londres gracias a Couchsurfing, me contactó con Por, una chica tailandesa que vive en Bangkok. Por, a su vez, me contactó con Sun y Pannapa, alumnos de inglés de Por. Ellos nos llevaron a Cindy (una chica de Singapur) y a mí a recorrer Bangkok. Lo único que teníamos que hacer con Cindy era corregirlos cada vez que dijeran algo mal en Inglés. Una especie de trato. Ellos practicaban el inglés, nosotros teníamos nuestro tour underground. Nada mal, ¿no?

Nos encontramos en una estación del MRT, el subte de Bangkok. 5 minutos tardaron en pedirnos la primera foto. Bienvenido a la tierra de las selfies y los estados de Facebook contando el día a día. Fue increíble escuchar como nos contaban que no pudieron dormir la noche anterior por la emoción del encuentro que iban a tener. Guau! ¿Para taaaanto? Casi que me sentí una estrella de cine. Bueno, tampoco tanto. Pero bueno, después de selfies con y sin selfie-stick, de fotos con el celular de cada uno, arrancamos el recorrido que iba a terminar pasada las 9 de la noche.



Un barrio antiguo al que ibamos a ir con Sun
Un barrio antiguo al que ibamos a ir con Sun


En un solo día conocí a otras dos alumnas de Por y la mismísima Por. Conocí un antiguo y escondido barrio de Bangkok, comí en un lugar típico (y hermoso), paseé por Kaoh San Road, entre a mi primer templo, vi mi primer Buda XL de frente, hablé con un monje (esos con las túnicas naranjas), comí una de mis mejores meriendas de mi vida (sigo sin saber que plato, una especie de milk shake de chocolate con panqueques con muchas salsas. Glorioso), conocí Chinatown, elegí los 3 platos más raros de Chinatown (una especie de misión que nos planteó Sun). Ah, unas horas antes, Pannapa y Sun nos hicieron una entrevista (y nos filmaron!) preguntándonos acerca de la felicidad y el sentido de la vida. Hola sí, ¿estás con tiempo? Porque mira que la respuesta viene para largo eh!. En fin, cenamos en Chinatown más platos típicos (Dios que barato es comer en Tailandia) y charlamos durante horas. Si. Yo, un argentino en mi primer día en Bangkok, cenando con 5 personas de Bangkok y una chica de Singapur. Sacándonos fotos y contando anécdotas de América, Europa y Asia. No tenía idea todo se iba a dar tan rápido. Como fin de fiesta, nos fuimos a conocer el Gran Palacio desde afuera y de noche. Dicen que es un lugar que tiene una energía única y diferente. No creo mucho en esas cosas pero… miren la foto. ¿Ven dos bolitas luminosas arriba? Bueno, les juro que si movía la cámara para otro lado, las bolitas desaparecían. Enfocaba la cámara en el Palacio y aparecían. En fin… Volví al hostel y, después de trabajar un par de horas más, decidí irme a dormir.



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Buda XL
Mi debut en la comida tailandesa
Mi debut en la comida tailandesa
Best merienda ever !
Best merienda ever !
Ven las bolitas luminosas?
Ven las bolitas luminosas?


Al día siguiente un amigo venía a Bangkok desde Argentina así que, en medio de un diluvio torrencial, fui a buscarlo al aeropuerto. Venía una semana a Tailandia así que decidimos hacerla juntos. En la noche del otro día nos tomábamos el tren a Koh Phangan, Teníamos básicamente un día y medio para recorrer lo que quedaba de Bangkok y seguir viaje. Se nos sumó una amiga mexicana y entonces, los 3, salimos a la calle en medio de tuk-tuks que gritaban y vendedores ambulantes ofreciendo sus comidas. Fue un gran contraste como un día estaba hablando inglés con gente de Singapur y al otro día volví al español argentinizado. La magia de viajar. Eso no se compara con nada en el mundo.

En medio de risas, anécdotas e historias para el recuerdo, pasamos ese día y medio de la mejor manera. Masaje tailandés (y posterior contractura en mi hombro), Sky Bar, boliche, fotos, Grand Palace, Budas y más Budas, mercados callejeros y los casi 40 grados de temperatura. Nuestra amiga mexicana seguía su viaje en Vietnam así que era hora de la despedida. Entre abrazos y risas nos separamos y nos dirigimos a la estación de tren. Se venía una noche larga y teníamos que estar preparados.

Bangkok desde el Sky Bar
Bangkok desde el Sky Bar
Grand Palace
Grand Palace
Bangkok de noche
Bangkok de noche

Mientras, dejamos atrás Bangkok con la sensación de, poco a poco, estar entrando en este nuevo mundo donde todo (y a la vez nada) es diferente. No hay iglesias, hay templos. Jesús es reemplazado por Buda y el que es diferente es uno. Los rasgos americanos te delatan. Pero esta diferencia parece no importar. Te sonríen, te saludan, te tratan bien y con respeto. Te integran y rápidamente sos uno más. Comes sus platos y te amoldas a sus costumbres. Y dejas Bangkok con la idea que acabas de pasar la puerta de acceso a un mundo paralelo, en el que todo puede pasar.


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