El cuerpo, a veces, dice basta

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Que se yo. Es que… no somos superheroes. Lo sabes, ¿no? Bueno, espera. Déjame contarte algo antes. Estas líneas pueden ser un poco duras. O introspectivas. No lo sé. Dejemos que fluya.

 

Viajamos por el mundo, pero no usamos capa. Nos tomamos un avión como cualquier humano. Si compramos un auto, no tiene botones escondidos ni cuenta con dispositivos de última tecnología. Casi siempre son autos usados, viejitos, que responden solo porque le damos mucho cariño. ¡Si hasta le ponemos un nombre! No escalamos paredes y solo subimos al último piso de un edificio si desde él se ve el mejor atardecer de la ciudad (y si el precio no es muy elevado).

 

Ahora que lo pienso un poco más (perdóname si voy y vengo con mis ideas, me pasa bastante seguido), tenemos algo en común con los superheroes. Tanto ellos y ellas, como nosotros, creamos un escudo interno. Nos protegemos de sentimientos de culpa, de sentimientos tristes, de sentimientos que puedan reabrir viejas cicatrices. A veces, incluso, preferimos no pensar con tal de seguir camino. Bien o mal, no lo sé. Solo se que es una receta bastante efectiva. Y algo más, tenemos en común. Sufrimos. Sufrimos bastante. A veces no parece, porque lo hacemos desde una playa paradisíaca o en medio de un lago cristalino, rodeados de montañas con copos blancos en su cima. Pero, como todo en la vida, a veces estamos arriba y a veces abajo. Esto es una rueda. Bueno, una ruleta rusa. Y cuando bajas… agárrate. El cuerpo, a veces, dice basta.

 

Sabes que el cuerpo refleja lo que nos pasa por dentro, ¿no? Una gripe no aparece porque si y no se nos inflaman las amígdalas porque nuestra garganta estaba aburrida. Todo esta relacionado. Un corazón roto que cada tanto llora, repercute en nuestro ánimo y que nuestros padres nos visiten, que viajen a la otra parte del mundo, a ver cómo vivimos con tan poco, nos pone tan nerviosos que se nos va la voz. Es que, creo, cuando decidimos viajar por tanto tiempo, nos ponemos un objetivo. Demostrarle al mundo que vivir de esta manera es posible. Y cuando ese mundo es nuestra familia, la responsabilidad aumenta bastante, ¿no te parece?. Aumenta a tal punto que nuestro cuerpo se quiebra.

 

Cada vez que empiezo a enfermarme, intento negarlo, o controlarlo rápidamente. Me acuesto, me tapo, pongo música para relajar y dejo mi mente fluir. ¿Qué pasa dentro mío que hace que mi cuerpo se resienta?

 

¿Te soy sincero? No me gusta ir al médico. Lo detesto. Detesto ese olor tan típico de consultorio. Detesto las salas de espera. Detesto la burocracia. Detesto que, muchas veces, te miren de arriba y hasta con soberbia. Detesto depender de una pastilla para estar bien. Detesto que en mi cuerpo haya algo artificial. ¿A vos te pasa? Y (ya se, esto debería hablarlo con un psicólogo) detesto asumir que pasa algo tan fuerte dentro mío que ni siquiera mi cuerpo pudo soportarlo. Y detesto, también, tener un seguro médico. Detesto tener que pagar por algo que no se si voy a usar. Detesto darme cuenta que hice las cuentas mal y que todavía no pagué el seguro de viajes. Que mi presupuesto no era correcto Pero, que sé yo. Mejor prevenir, que curar, ¿no?

 

Hagamos cuentas. Quédate conmigo un poco más. Safety Wing me cobra 37 dólares al mes, y me deja renovar la suscripción mes a mes, como una plataforma de streaming. Cuando quiero me doy de baja. Si me gusta, lo mantengo. Son 32 euros, al cambio del día. 32 euros son dos comidas afuera con Agos, o dos salidas a un bar con mis amigos. Pago 65 euros al mes por 8 clases de tenis. Pago 14 euros al mes por la suscripción de Netflix. Pago 10 euros al mes por la suscripción de Spotify. Si en casa no me puedo concentrar, no dudo en salir a buscar un café y quedarme ahí varias horas, con tal de encontrar la inspiración que me falta.

 

Escribo estas líneas desde mi computadora, escuchando música en un volumen bajo, porque Agos duerme, aunque son cerca de las 2 de la tarde. Ninguno de los dos durmió por la noche. Lejos de una noche de risas y placer, su cuerpo gritó de dolor y la fiebre no la dejó dormir. Tampoco a mí. Ahora descansa, presa de los efectos somníferos de los antibióticos.

 

 

Agos en el médico, haciéndose un estudio para determinar si había una bacteria, o era viral

 

A veces me sorprende lo hipócrita que soy. Es que no pongo en duda mi suscripción de Spotify, incluso cuando encuentro la misma música gratis en Youtube. No pongo en duda la suscripción a Netflix cuando, en el tiempo que gasto mirando series y series, podría terminar de escribir mi libro. Me doy un gusto y compro un pack de cervezas importadas. ¿Por qué pongo en duda entonces los 37 dólares al mes de Safety Wing que, incluso, funciona en mi país de origen, igual que Spotify y Netflix? Que se yo. Con el paso del tiempo, fui necesitando esa tranquilidad extra. Serán los años que me ponen así.

 

Creo que, hace unos años, no viajaba con seguro médico solo para llevarle la contra a mis padres. “Miren, camino por una soga, con un precipicio por debajo, y no me caigo” – parecía decirles, en mi mente. Me acuerdo cuando me caí de la moto en Vietnam. Todavía tengo la marca en la cintura. O cuando soporte el dolor de muela y de garganta, por una infección en la muela de juicio, con tal de no pagar la consulta a un médico. Ya estoy más grande, eso es verdad. Uno cambia con el tiempo, ¿no? (De última – pienso para consolarme o autoconvencerme de que lo que hago esta bien – puedo dar de baja el seguro, y darlo de alta cuando quiera nuevamente). No esta mal asumirlo. Cambiar es crecer. Somos energía. Somos constante cambio. Y es productivo, creo, entender que a veces tomamos decisiones equivocadas. No hay que negarlas. Por favor no. Pero si asumirlas. Y pensar cómo mejorarlas. Potenciar nuestras virtudes y reconocer nuestros errores es una fórmula que todos deberíamos anotarnos en la palmas de nuestra mano.

 

Que loco es este mundo, ¿no? Que nos habilita a tener 7 remeras iguales, con tal de fomentar el consumismo, pero nos hace poner en duda la importancia de nuestra propia salud.

 

Déjame darte un consejo, el último. Podrás tener un seguro de viajes, o no. Eso, a fin de cuentas, queda en vos. Lo único que te pido es que escuches a tu cuerpo. Si tu cuerpo se queja, es por algo. ¿Qué nos pasa por dentro, que nuestro cuerpo dice basta? Entiendo que a veces pataleemos cuándo nos hacemos esta pregunta. Indagar tan dentro nuestro no siempre esta bueno. Podemos descubrir cosas que no sabíamos existían.

 

Pero, en este viaje al que llamamos vida, si no somos sinceros con nosotros mismos, ¿a qué vinimos?

 

 

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