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Presión

Dicen que aparezco en un gran viaje. Dicen que exijo ese texto perfecto. Soplo la nuca de aquellos que me sueñan, queriéndolos convencer de una idea sin cimientos.

Me llaman para buscar la perfección. Exijo lo estéticamente bonito. Te guío hasta lo socialmente aceptado. Hacia lo que la mayoría aclama. Saco pasajes al mundo del que muchos quieren ser parte, sin saber por qué. Te vendo el manual del hacer, hacer y hacer, sin darte tiempo a pensar para qué. A pensar por qué.

Llevo las voces del que dirán. Traigo las voces del que diré. Te convenzo, paradójicamente, de alcanzar la perfecta utopía de la felicidad. Te convenzo de alcanzar algo que no existe. Te planto la idea de llegar a una cima que no otorga premios, sino cadenas, anclas y cruces. Reproduzco frente a vos la película de los ojos externos, jueces de un concurso en el que siempre terminas perdiendo.

Te exijo pertenecer, te pido como garantía de nuestra relación el que seas aceptado. Te prohibo reclamar más de lo conscientemente acordado, sacando del placard el miedo al rechazo y a la burla. Escribo e imprimo un guión para que leas cuando hables, sin dar lugar a improvisar. Firmamos un contrato, en donde te compremetes a querer destacar, siempre un poco más. A vivir sin vivir.

Me llaman la presión. Y estoy casi segura que soy un invento tuyo.

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