A veces siento que mi cerebro esta hibernando. Descansando. O vaya a saber uno que. Me cuesta encontrar tiempo para mi. Sera porque estoy viajando de a dos.
Lo que hace mucho parecía hasta utópico, hoy se convirtió en realidad. El viaje por Asia (que lejano parece en el tiempo) me puso adelante a la chica que hoy es mi novia y mi compañera de ruta, entre otras cosas. Sin casi notarlo y en un abrir y cerrar de ojos deje el viaje por Asia, de a 1, y ahora viajo por Australia, de a 2.

Un desafío que todos los días me pone a prueba. Encrucijadas, vivencias, experiencias, momentos a los que no estaba acostumbrado, que me hacen crecer. Que loco es pensar en función de otro. Despertarse y, además de hacer lo que a uno le hace feliz, hacer lo que a otro le hace bien. Pensar que detalle puede cambiar el día del otro. Una llamada. Un mensaje. Un regalo. Un beso. Un gesto. De la nada, uno se encuentra compartiendo su tiempo, intentando ser feliz, y que ella sea feliz.
Facetas del viaje que nunca había experimentado. La compañía constante. El apoyo. El plural. El compartir. El nosotros. El ayudar. El escuchar. El abrazar. El ser. El estar. Todo en un mismo instante. En un mismo lugar.
El tiempo avanza con una intensidad asombrosa. Cada día es una enseñanza. Cada día es un plan a futuro. Futuro compartido. Cada día es pensar en el próximo destino. En la próxima ruta. En el próximo plan. Que novedoso y cautivante es, en medio de la volatilidad viajera, tener una constante al lado. Simple. Pero significante.
Una Vuelta por el Universo. Extractos de mi diario de viaje. Sydney