Viajar en tiempo de Coronavirus

Posteado por | · · | Reflexiones en ruta · Una serie de relatos espontáneos e impensados · Vivir viajando

Me acuerdo que allá, por el 2014, cuando cursaba mis últimos meses de carrera, escuché, de una manera diferente, Llegaremos a Tiempo, de Roxana. Viste que hay temas que los podes escuchar mil veces pero hay una, en particular, que te quedaba grabada. Un momento que lo hace único.

La carrera iba en piloto automático. Después de unos primeros meses de turbulencia, donde el avión parecía volvía a destino, todo se acomodó y no hacia falta usar el cinturón de seguridad. No se veían inconvenientes a la distancia y solo podía pensar en el día que me recibiera.


Pero llegó el 2014 (O 2013, no importa) y rendí mal un final 3 veces consecutivas. Mecánica. El día del tercer final, y del tercer bochazo, volví a casa resignado, envuelto en lágrimas que no podia exteriorizar. Me acosté, como lo hacía cada vez que rendía mal, con la puerta cerrada. Al único que dejaba entrar era a Milo, mi perro que hoy mira esto desde arriba. Deseaba que el tiempo volviera atrás, o que la tierra me tragara. “¿Y ahora qué hago?” – pensaba.


Mi hermana, esas de apariciones mágicas, me hizo escuchar, una vez más, la canción de Roxana. “Llegaremos cuando vayas más allá del intento. Llegaremos a tiempo”. Esos acordes, por mas cursis que suenen, en ese momento, tuvieron un papel trascendental en mi futuro y hoy, cada vez que escucho la canción sonar, no puedo evitar pensar en ese recuerdo.


Hoy el mundo tiene turbulencias. Más de las normales. Y a mi esa canción se me viene a la cabeza, una y otra vez. Viajaremos a tiempo, me repito, para mí, cambiándole, sin autorización, el título a la canción. Hoy el universo nos esta diciendo basta. Como ese nene, o nena, que lleva la pelota para jugar un picadito, pero lo mandan al arco y, resignado por la situación, agarra el balón y lo pincha. “Si no juego yo, no juega nadie”. “Ey dale, no seas ortiva, si sos el mejor atajando” – le dice el que juega de 9 pero no quiere llevar su pelota para que no se desgaste. “Bueno pero no quiero atajar, vení vos al arco” – repite, el dueño de la pelota.


El mundo se paró. El mundo nos paró. El mundo, que nos viene pidiendo piedad hace rato, hoy se hartó y nos sacudió para que recapacitemos. Si bien este virus, más temido que el anillo de Frodo, tiene menos tasa de mortalidad que el dengue y afecta menos que el cambio climático, trajo consigo un equipo de marketing que, no podemos negar, nos llenó el culo de preguntas.


“No me dejan pasar en la frontera, no se que hacer” – dijo Josefina, cuando quiso pasar de Alemania a Israel. Lo mismo le sucedió a Carlos, cuando intentó cruzar de Tanger a Tarifa y lo mismo sentí yo cuando casi no puedo salir de Palestina. Nos indignamos por no poder llegar a donde queremos, cuando todos los días (si, todos) hace ya varios, varios años, algún árabe se queda en el camino por un pasaporte que no convence, o alguien nacido en África no pasa un control fronterizo por su color de piel. Los cruceros se posponen por 60 días y todos nos enteramos por Twitter. ¿Y quién nos cuenta de las pateras que se ahogan en el mediterráneo? Y si alguien lo hace, ¿por qué decidimos no escuchar? Nosotros, los afortunados, estamos acostumbrados a cumplir casi todos los caprichos que tengamos. Y hoy el universo dijo basta. Si ellos, los discriminados, no pueden, ¿por qué si ustedes?


Entiendo que vos, María, hayas ahorrado para tus vacaciones por 17 meses y que vos, José, no puedas ir a ver a Messi en el Camp Nou, eso que tanto soñaste. Pero el mundo va a seguir ahi. Hoy, hay cosas más importantes. Hoy nos toca, por fin, la obligación de ser solidarios entre todos. Hoy la globalización nos está pidiendo no hacernos los boludos y darle una mano al de al lado, por más lejos que esté. Si nos piden quedarnos en casa dos semanas, ¿cuál es el problema? ¿Por qué renegamos tanto cuando alguien nos pide algo que no fue pensado por nosotros mismos? Disfruta de tu hijo o hija, mira esa película que siempre quisiste ver y tu trabajo de oficina, ese del que siempre te quejaste, no te dejaba. Quédate en casa. Cuídate. A vos, y al mundo.


El mundo se desconectó y hoy tenemos que escuchar. El universo, sabio como nadie, quiere poner la balanza en equilibrio, nuevamente. ¿Sabes qué bien le va a hacer al planeta que miles y miles de vuelos se cancelen por unos meses? Era hora. Si tu problema es que no te devuelvan el 100% de tu pasaje, el problema, déjame decirte, sos vos.

Esto ya no es una discusión en un asado, en donde todos queremos tener la razón, gritando hasta más no poder e inventando argumentos que Dios saben si existen. Hoy son tiempos de empatía. De solidaridad. De cariño y de reflexión. Hoy de nada sirve tirar a boludo, porque lo que hace uno, le afecta a miles. Hoy, al fin, cada granito de arena cuenta.


La pelota se pinchó. Nadie tiene otra. Se hace de noche y no queda otra que esperar hasta mañana. No te preocupes, que si todos hacemos lo que tenemos que hacer, llegaremos a tiempo, viajaremos a tiempo.


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