Dicotomía viajera

Posteado por | | Una serie de relatos espontáneos e impensados

“¿Por qué le tenes miedo a la rutina?” – me preguntó mi psicóloga.


Empecé a visitarla hace uno o dos meses. No hubo una necesidad particular, creo. Solo quería hacer catarsis con alguien ajeno, que me diera su opinión sin anestesia.

“A fin de cuentas, es un poco lo que buscas, incluso sin notarlo, ¿no? Digo, te levantas, tomas tu café, lees un libro, prendes tu computadora, trabajas, haces surf” – continuó.
“No se, a veces siento que le tengo pánico” – respondí. “Bueno, no se si es miedo a la rutina, o a la monotonía” – dije, casi interrumpiendo lo que iba a acotar.


Se rió.


“A eso iba. No toda rutina tiene porque ser monótona, ¿no?”
Me quedé pensando.

Siento que vivo en una dicotomía constante. Una disonancia cognitiva. Siento que quiero esto, y que quiero aquello. ¿No te pasa? Hay días que me levanto ansioso, perturbado, incluso envidiando (sanamente, pero envidiando al fin) a aquellos que estan en movimiento. El viaje (o la vida, quien sabe) me puso en una pausa. Me depositó en una isla. Me regaló una rutina que, asumo, todos querrían. A ver. Estoy a ¡5 minutos! del mar, ¡caminando! Trabajo desde mi computadora e incluso me permite ahorrar.

Y esta ¿rutina? me permite hacer cosas que, de otra manera, no haría. En mis más de 31 años (incluyendo 6 años viajando), es la primera vez que sentí la necesidad de visitar una psicóloga. Es la primera vez que esa apertura mental, que esa destrucción de prejuicios, llegó a un lugar estable (estabilidad, esa palabra también me da escalofríos) en donde sintió que era el momento de poner a prueba todo lo aprendido. La época de cosecha pasó. Hay que volver a sembrar.

Disonancia Cognitiva y Dicotomía Viajera

Perdón, me fui. Disonancia cognitiva. Dicotomía constante.

Si bien ¿disfruto? esta rutina, a veces (varias veces) envidio a los que se mueven. Envidio a los que comparten una cena con un desconocido en Asia, a los que se toman un tren en Rusia o a los que manejan su furgoneta por los caminos de América Latina. Los envidio. A veces, incluso, prefiero no leerlos. No ver lo que tienen para contar. Siento que no puedo soportarlo. ¿Por qué no estoy con ellxs? O, al menos, como ellxs.

Confieso que, a veces, quisiera pausar al mundo. Quisiera que todos se detuviesen. Que dejen de vivir sus vidas. Que dejen de descubrir otros mundos. A veces quisiera vivir todo lo bueno que tiene mi presente, exprimirlo al máximo y cuando no quede más jugo por sacar, apretar play nuevamente. Y que todos descubran, al mismo tiempo que descubro yo. Me da vergüenza admitirlo. Pero me pasa. Segundos después, entiendo la insensatez de mis pensamientos, y vuelvo a la cordura. O a lo políticamente cuerdo.

Es que quiero esto, y quiero aquello.

“¿Por qué no te vas a viajar? Unos meses ” – me preguntó. Mi psicóloga.
“Si, ya se. Quisiera hacer el transmongoliano, ¿sabes? Un mes y medio, recorriendo la Siberia, pasando por Mongolia, entrando a China. Sin tecnología. Y así poder terminar mi libro” – respondí.

Anotó algo en sus hojas blancas A4 que nunca faltan en nuestras sesiones. Agradezco tener astigmatismo y asi no poder leer sus notas. Me sorprende cuantas carillas rellena.

“¿Y qué te lo impide?”
“ No se. Si quisiera algo, lo haría. Pero también quiero aprovechar esto. Lo que me rodea. ¡Mira dónde vivo!

Se volvió a reír.

¿Me dejas hacer catarsis con vos? Son dos minutos más de lectura, por favor. Es que… me quedé pensando. Le tomé repulsión a una rutina monótona en particular. Esa que me encerraba en un cubículo, que me obligaba a vestir de pantalón y camisa y que me obligaba a seguir pautas y normas burocráticas y sin sentido. Pero creo nunca me había dado cuenta que, en ciertas rutinas, hay belleza. Que loco, ¿no?

Me quejo de los que se mueven, de los que viajan cuando yo no, de los que descubren cuándo yo ¿no? Pero en este solo año visité Barcelona (varias, varias veces), Madrid, Sevilla, Málaga, Tarifa, Albania, Hungría, Serbia, Macedonia, Kosovo, Montenegro y en unos días piso Suecia por primera vez. Entonces, ¿de qué me quejo?

¿Es la dicotomía que vivo una lucha entre la quietud y el movimiento, o es una lucha entre ser y añorar lo que no tiene sentido?

¿Es la mente que nos juega una mala pasada, víctima de una educación donde nos enseñaron a reprimirnos por el pasado, y a perdernos en el futuro?

En el presente esta el cambio.


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